ISO 14001 vs EMAS. Is that the question?

Sabemos que, cuando una organización decide acreditar su Sistema de Gestión Ambiental (SGA), tiene, fundamentalmente en Europa, dos opciones: certificar su SGA, siguiendo las directrices marcadas por el referencial UNE-EN-ISO 14001 u optar por el Reglamento EMAS. Ambas opciones no son excluyentes entre sí, y de hecho, muchas organizaciones inician su camino en la protección ambiental por medio del estándar ISO, para posteriormente avanzar un paso más con la adhesión al EMAS.

Conozco, y he trabajado con ambos referenciales en los sistemas que he implantado, lo cual me ha llevado a sacar mis propias valoraciones de cada uno de ellos. Este artículo tiene el único objetivo de plasmar mi opinión sobre estas normas, principalmente en relación al EMAS, porque creo que precisa de un mayor empuje para ocupar el lugar que merece. La experiencia de trabajar con ambos referenciales, ha hecho que me haga algunas reflexiones de las que hoy me gustaría hablar aquí. Así que, lo que pretendo desarrollar a continuación, no es más que un artículo puramente de opinión, son mis ideas, mi visión de ambos sistemas, mi punto de vista basado en la observación y en la experiencia, y que deseo compartir y someter a debate, a fin de conocer otras opiniones, otros puntos de vista y otras experiencias.

Pero antes de nada, creo que es importante hacer un poco de historia para ponerse en situación:

El Reglamento EMAS es un poco más antiguo que la ISO 14001. Hasta la publicación de la primera edición de la norma ISO 14001 en 1996, la única referencia era el Reglamento 1836/93 de Ecogestión y Ecoauditorías , que data de 1995, siendo conocido como “EMAS” (Eco-Management and Audit Scheme). Este Reglamento fue la primera referencia en Europa para la implantación de un sistema de gestión, con el objetivo de prevenir la contaminación y minimizar los efectos negativos de las organizaciones sobre el entorno. Anteriormente a él, sólo existía una norma experimental publicada en 1992 por el Reino Unido, la norma BS-7750, y en España, posteriormente, se publicaron en el año 94, dos normas, la UNE-77801 “Sistemas de Gestión Ambiental” y la UNE 77802 “Auditorías de los Sistemas de Gestión Ambiental”, que no tuvieron demasiada repercusión.

Inicialmente, el Reglamento EMAS estaba únicamente dirigido a las empresas del sector industrial, es decir, solo las industrias podían adherirse a él voluntariamente a fin de mejorar su comportamiento ambiental, y obtener un certificado europeo de cumplimiento.

En el año 2001 se publica la primera revisión del EMAS, el Reglamento 761/2001, de 19 de marzo, por el que se permite que las organizaciones se adhieran con carácter voluntario a un sistema comunitario de gestión y auditoría medioambientales (EMAS II). Este nuevo reglamento sustituyó al Reglamento 1836/93 y sus principales cambios supusieron, por un lado, hacerlo extensible a cualquier tipo de empresa, es decir, no sólo del sector industrial, y por otro, adoptar los requisitos y terminología de la ISO 14001, manteniendo, igualmente, diferencias importantes con ella.

La última revisión del EMAS es del año 2009, cuando la Comisión Europea aprobó el EMAS III a través del Reglamento 1221/2009, de 25 de noviembre, relativo a la participación voluntaria de organizaciones en un sistema comunitario de gestión y auditoría medioambientales. Este nuevo reglamento derogó el Reglamento 761/2001 y entró en vigor en enero de 2011. La primera novedad que ofreció fue la ampliación de su ámbito de aplicación, dejando de ser únicamente europeo y convirtiéndose en internacional. Es lo que se conoce como EMAS “Global”, es decir, a partir de ese momento, se hizo posible que empresas que se encuentran fuera del territorio de la UE puedan registrarse en EMAS. Para ello, pueden elegir a un estado miembro como vía para conseguir el registro, y la entidad que realice la verificación deberá estar acreditada en dicho estado. Aparece así la figura de “Registro Corporativo”; esto es, una organización con distintas instalaciones, dentro o fuera de la UE, puede optar a un único registro que englobe a todos o sólo a alguno de sus centros.

 ¿Es entonces, el EMAS, el referencial para la excelencia en Gestión Ambiental?

ISO o EMAS

En esta evolución a lo largo de los años, hay una característica del EMAS que se ha mantenido de manera constante y que, se supone su elemento más diferenciador de ISO 14001: una mayor exigencia de éste frente a ISO 14001. Estas mayores exigencias de los SGA certificados según EMAS son, a priori, una garantía de que la empresa asume mayores retos y pretensiones de mejora de su comportamiento ambiental. EMAS es mucho más preciso y restrictivo, e impone a las empresas realizar un análisis ambiental inicial, mayores esfuerzos en reducir el impacto ambiental de sus actividades (evaluación del comportamiento ambiental de la organización que tenga en cuenta, cuando se disponga de ellas, las mejores prácticas de gestión ambiental de su sector), mayor intensidad en la mejora continua de sus resultados ambientales, mayor divulgación de su comportamiento ambiental (hacer una Declaración Ambiental pública que ilustre la mejora continua de la empresa y que tenga en cuenta las necesidades de información de las partes interesadas, ligada, entre otros aspectos, a una serie de indicadores que deben, obligatoriamente, comunicarse en esa declaración que será validada por un verificador ambiental autorizado), mayor evaluación del comportamiento ambiental de la organización, (más allá de la evaluación del funcionamiento y eficacia del SGA y su adecuación a la norma que plantea ISO 14001), mayor participación de los trabajadores en la implantación y desarrollo del sistema de gestión (refuerza el papel de los trabajadores en la gestión ambiental de la empresa, debiéndose establecer un “programa de participación de los trabajadores” que asegure su implicación en todos los elementos del sistema de gestión, desde la definición de la política, hasta la realización de revisión por la dirección y la elaboración de la declaración ambiental), …

Y en base a ello, sí, creo que el EMAS debería ser considerado un estándar de excelencia ambiental. Puesto que el grado de exigencia es mucho mayor y supone, en consecuencia, un mayor esfuerzo por parte de las organizaciones en el campo de la gestión ambiental. La empresa asume mayores retos y pretensiones de mejora de su comportamiento. EMAS debería ser definido como un referente de excelencia en Gestión Ambiental y ser, por tanto, reconocido como tal, otorgándose, de alguna forma, una “recompensa” a estas organizaciones que deciden ir más allá en su preocupación por la protección del Medio Ambiente, incrementando sus autoexigencias en este terreno y realizando un mayor esfuerzo y un mayor empleo de recursos.

¿No crees que esta diferencia de exigencias, de una y otra norma, deberían traducirse también en una diferencia en cuanto a los beneficios obtenidos?

Respondo, sin duda, de forma afirmativa a esta pregunta. Considero que una organización que dispone de un sistema de gestión ambiental verificado según el Reglamento EMAS, no debería estar considerada al mismo nivel que una empresa con certificación ISO 14001. EMAS debería gozar de un mayor reconocimiento público por parte de la administración, principalmente en cuanto a las ventajas legales que supone, para una empresa, tener un SGA implantado y certificado.

Por desgracia, la realidad no es así. Pongamos unos cuantos ejemplos para entenderlo mejor:

En España, la Ley 26/2007, de 23 de octubre, de Responsabilidad Medioambiental.

Artículo 28. Exenciones a la obligación de constitución de garantía financiera obligatoria.

Quedan exentos de la obligación de constituir garantía financiera obligatoria:

a) …

b) Los operadores de actividades susceptibles de ocasionar daños cuya reparación se evalúe por una cantidad comprendida entre 300.000 y 2.000.000 de euros que acrediten mediante la presentación de certificados expedidos por organismos independientes que están adheridos con carácter permanente y continuado bien al sistema comunitario de gestión y auditoría medioambientales (EMAS), bien al sistema de gestión medioambiental UNE-EN ISO 14001:1996.

Como se ve, independientemente de ser EMAS o ISO 14001, estaríamos igualmente exentos de la garantía financiera en esas circunstancias. Las ventajas legales son las mismas para ambos referenciales.

Otro ejemplo:

Real Decreto 509/2007, de 20 de abril, por el que se aprueba el Reglamento para el desarrollo y ejecución de la Ley 16/2002, de 1 de julio, de Prevención y Control Integrados de la Contaminación

Artículo 8. Autorización ambiental integrada y sistemas de gestión medioambiental.

En relación con aquellas actividades para las cuales se apliquen sistemas de gestión ambiental certificados externamente mediante EMAS o ISO 14001, las comunidades autónomas establecerán las normas que simplifiquen los mecanismos de comprobación del cumplimiento de las obligaciones derivadas de la autorización ambiental integrada, así como la tramitación de la correspondiente solicitud de autorización o de adaptación y de sus sucesivas renovaciones.

Una vez más, las exenciones o beneficios para las actividades que tengan implantado un sistema de gestión ambiental, sea EMAS o ISO 14001, son las mismas.

Y más ejemplos con la misma situación, EMAS e ISO 14001 al mismo nivel, la misma consideración para ambas:

Ley 30/2007, de contratación del sector público

Artículo 70. Acreditación del cumplimiento de las normas de gestión medioambiental.

1. En los contratos sujetos a una regulación armonizada, los órganos de contratación podrán exigir la presentación de certificados expedidos por organismos independientes que acrediten que el empresario cumple determinadas normas de gestión medioambiental, remitiéndose al sistema comunitario de gestión y auditoría medioambientales (EMAS) o a las normas de gestión medioambiental basadas en las normas europeas o internacionales en la materia y certificadas por organismos conformes a la legislación comunitaria o a las normas europeas o internacionales relativas a la certificación.

Y así, podríamos continuar con muchos más ejemplos. Y no sólo a nivel legal, sino también en cuanto a las facilidades para obtención de préstamos bancarios, o en las reducciones en los pagos de primas de seguros. EMAS e ISO14001 son consideradas como iguales, con independencia de que uno suponga mas exigencias y mayor esfuerzo que la otra.

Únicamente he encontrado un ejemplo en el que el Reglamento EMAS gana en beneficios obtenidos frente a la ISO 14001. Un ejemplo de cómo considero que deberían ser las cosas:

Ley 22/1988, de 28 de julio, de Costas y su modificación en la  Ley 2/2013, de 29 de mayo, de protección y uso sostenible del litoral.

Articulo 84.7. El canon podrá reducirse un 90 por 100 en los supuestos de ocupaciones destinadas al uso público gratuito.

Con objeto de incentivar mejores prácticas medioambientales en el sector de la acuicultura, el canon se reducirá un 40 por 100 en el supuesto de concesionarios adheridos, con carácter permanente y continuado, al sistema comunitario de gestión y auditoría medioambiental (EMAS). Si no estuvieran adheridos a dicho sistema de gestión pero dispusieran del sistema de gestión medioambiental UNE-EN ISO 14001:1996, los concesionarios tendrán una reducción del 25 por 100.

¿Conoces alguna legislación más, en la que se produzca esta inclinación de la balanza a favor del EMAS?

De este escenario de partida, extraigo mis valoraciones en cuanto a la aceptación y demanda empresarial de ambos sistemas. ¿Qué consecuencias tiene este trato de “excesiva igualdad”?.

Si observamos las estadísticas de certificaciones según uno u otro referencial, podemos observar que, aunque a lo largo de los años ha existido un cierto paralelismo en la evolución de ambos modelos, el mayor crecimiento en el número de certificaciones se corresponde sin duda a la ISO 14001, que supera con creces al sistema EMAS, incluso, si nos limitamos al ámbito europeo, en el cual ambas normas juegan en igualdad de condiciones.

En España, por ejemplo, existían, en 2013, más de 16.000 empresas certificadas con ISO 14001, mientras que si hablamos de EMAS, el número de empresas se quedaba en torno a los 900. Las estadísticas europeas presentan similares diferencias entre ambos. Y todo ello, teniendo en cuenta que, muchos de los cambios introducidos en las sucesivas revisiones que ha experimentado el EMAS a lo largo de los años, tenían el propósito de incrementar sustancialmente el número de empresas que se adhirieran a esta herramienta europea y, equiparar así, su demanda a la de ISO 14001.

El primer cambio en este sentido fue el hecho de no limitar el Reglamento a organizaciones industriales, haciéndolo extensible a cualquier tipo de empresa en el EMAS II, y posteriormente, con el EMAS III, fue la ampliación de su ámbito de aplicación, dejando de ser únicamente europeo y convirtiéndolo en internacional, para que, empresas que se encuentran fuera del territorio de la UE, pudieran también registrarse en EMAS.

Resulta igualmente llamativo, que un estándar que inició su andadura dirigido exclusivamente al sector industrial, hoy en día, tiene mucha más representación en organizaciones de otro tipo (principalmente en el sector servicios) que en las industrias, que eran su público objetivo inicial.

Creo que si las empresas, y sobre todo las industrias, no reciben una motivación adicional para implementar esas mayores exigencias en la protección ambiental, difícilmente se sentirán animadas a avanzar un paso más en ese camino.

EMAS, ya parte con desventaja por ser mucho menos reconocida a nivel internacional, y no resulta de justicia que, aplicando mayores esfuerzos, empleando mayor cantidad de recursos, y mostrando un mayor nivel de compromiso, se goce del mismo reconocimiento público por parte de la administración y otras entidades.

Conozco también casos, de industrias, que motivadas por su alto compromiso ambiental, que creían en la necesidad de una Gestión Ambiental eficaz para fomentar un desarrollo empresarial equilibrado, basado en el respeto ambiental, decidieron, en un momento dado, dar el paso hacia la adhesión al reglamento, y que, posteriormente, comprobando que la consideración para con ellas, era la misma que si se hubiesen mantenido únicamente con la acreditación ISO 14001, decidieron dar marcha atrás y desvincularse del EMAS, en aras de ahorrar recursos y esfuerzos en tiempos de crisis económica, aunque, su compromiso con el Medio Ambiente y sus creencias en la necesidad de un desarrollo sostenible, seguían siendo las mismas.

Por eso, considero que es indispensable que la administración y los órganos legislativos den un paso importante en este sentido, estableciendo medidas que inclinen la balanza hacia el EMAS, para motivar y fomentar que las empresas refuercen su implicación ambiental y que, como continuación al compromiso de mejora continua de sus SGA, afronten nuevos retos, con mayores exigencias en la protección del Medio Ambiente.

Es mi opinión… ¿y la tuya?. ¿Cuál es tu concepto de la certificación EMAS?. ¿Por cuál te decantas? ¿ISO14001 o EMAS?

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9 pensamientos en “ISO 14001 vs EMAS. Is that the question?

  1. Me parece un excelente artículo comparativo. Se observa una sólida argumentación, que tambien podría complementarse con respecto a tema de exposición de las empresas a sus comunidades frente a la divulgación de su desempeño ambiental, pues este es un tema que influyen tan fuertemente como la falta de incentivos diferenciadores.

    • Gracias por tu opinión, Jose. Tienes toda la razón, a muchas empresas les cuesta hacer frente a tener que divulgar su desempeño ambiental y es una de las razones (a veces la principal) por las que no se animan a la certificación EMAS. Pero hoy en día hay bastante legislación, por lo menos en Europa, que obliga a las industrias a publicar mucha información sobre sus aspectos ambientales, y quizás si tuvieran algún incentivo se animarían más a dar el paso.
      Un saludo!

  2. Muy bueno tu artículo.
    En sudamerica estamos con la implantación de la ISO 14001 y nos damos cuenta si, que el grado de compromiso y divulgación de resultados obtenidos como indicadores a llevar es muy vago y de poca exigencia. Muchas veces no tenemos parámetros para comparar y tomamos parámetros internacionales de emisiones, etc pero no nos exigimos ciertos standar de medidas a alcanzar.
    Saludos;
    Diego.

    • Encantada de contar con tu opinión, Diego.
      ISO 14001 también es una muy buena herramienta. Implantada eficazmente y bien utilizada puede aportar mucho a las organizaciones. Pero, ya que EMAS está a otro nivel de exigencia, también debería estar a otro nivel de consideración por parte de la administración.
      Un saludo!

  3. Muy buena visión de los sistemas de gestión ambiental, el problema a veces es que solo se los ve como un añadido y un fin en si mismo, es decir, tener el papel o acreditación, y parece que solo funciona cuando hay que renovarlo o hay una inspección, con lo cual en muchas empresas es un gasto a mayores por que no saben el potencian que tienen de verdad para optimizar sus procesos, abrirse a nuevos mercados y clientes, beneficiarse de reducciones fiscales, ahorrar costes y de paso proteger el medioambiente. Gracias por tan buen artículo Verónica

    • Sí, Damián. Y aunque sea por cierta “imposición”, con la ISO14001 aún se van animando, pero con el EMAS cuesta mucho más, lo cual, en cierto modo es entendible… Si las ventajas fiscales, administrativas, legales, son las mismas que con ISO, las empresas son más reticentes porque EMAS supone un mayor compromiso, mas recursos y más esfuerzo.
      Un saludo, y gracias por tu opinión!

  4. Pingback: El “fraude” de la Certificación Ambiental – Trabajar en Gestión Ambiental

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