El “QUIÉN CONTAMINA, PAGA” y la implicación ciudadana

Qué rápido nos llevamos las manos a la cabeza cuando ocurre un suceso de las características Volkswagen, Prestige, o Aznalcóllar. Qué activos somos cuando se trata de protestar por las acciones que no emprenden los demás para solucionar la problemática ambiental que afecta a este planeta. Qué fácil resulta ver la paja en el ojo ajeno y que invisible nos resulta la viga en el nuestro.

Se escandaliza el hombre que escucha en la radio la noticia que destapa el caso Volkswagen, mientras conduce en su flamante deportivo adquirido recientemente con criterios únicamente de estética y potencia, y tira alegremente la lata de bebida que acaba de beber por la ventanilla del vehículo.

Ya sé, …si, … no es comparable un desastre con otro, pero, haciendo mi propio examen de conciencia, pienso en que no deberíamos restar importancia a esos pequeños “desastres ambientales” de nuestro comportamiento diario, cuya suma, sí constituye un problema ambiental de envergadura.

Menospreciamos nuestro poder de cambio en la gestión ambiental que hacemos del planeta y nuestra capacidad de poner fin a la mayoría de problemas ambientales que nos acechan. “Eso es cosa de otros, de los que tienen el poder para cambiar las cosas…”, escuchamos con frecuencia. Cosa de gobiernos, instituciones, grandes empresas, políticos, … ¿seguro?.

¿Dónde está el poder para cambiar las cosas?

El Poder de los Ciudadanos

Si desde los órganos de gobierno de la Unión Europea se promulga una Directiva que insta a los Estados Miembros a alcanzar unas cuotas de reciclaje para los distintos materiales contenidos en los residuos. Si esta Directiva es transpuesta a la legislación nacional, como corresponde, y todos los Ayuntamientos del país ponen en marcha sistemas de recogida selectiva para cumplir con las directrices marcadas en la nueva normativa estatal, y alcanzar los objetivos de reciclaje marcados por la UE. Si se disponen contenedores en las calles, camiones de recogida, se contratan recuperadores, y todo ello, obviamente, con cargo al recibo de basura que pagamos todos, porque “EL QUE CONTAMINA PAGA” (Principio fundamental de la legislación ambiental), …¿Sirve de algo, si los ciudadanos no nos molestamos en segregar esos residuos en su contenedores correspondientes? ¿para qué queremos pagar por contenedores vacios?.

Exigimos, sí, pero…¿respondemos?. ¿Nos molestamos en cambiar nuestros hábitos cuando las soluciones que pedimos lo requieren?. ¿Cumplimos con nuestra parte?.

Dentro de poco estaremos en periodo de elecciones nacionales. Desde los distintos partidos políticos nos machacarán con sus mítines, programas y promesas electorales, con un único objetivo: convencernos de que les demos nuestro voto. El poder, una vez más está en el ciudadano. En cada uno de nosotros, que decidiremos a quien le damos nuestro apoyo para marcar el camino a seguir en nuestro país en los próximos 4 años. ¿Cuántos de nosotros pondremos atención y valoraremos las políticas ambientales que nos presentan cada uno de los candidatos? ¿cuántos condicionaremos nuestro voto a las propuestas de acciones que en el terreno de la gestión ambiental se pretendan llevar a cabo?.

Sí, creo que pecamos de no mirar nuestro propio ombligo. El medio ambiente sólo es cosa de todos cuando se produce una catástrofe ambiental generada por grandes empresas, por gobiernos, por políticos, …No consideramos que, cuando nos compramos el coche sin tener en cuenta el grado de emisiones que produce, estamos afectando al resto de habitantes de este planeta, pues el aire que vamos a llenar de compuestos químicos contaminantes, lo respiramos todos.

Compramos productos fijándonos únicamente en el precio, consumimos pensando solamente en nuestro presupuesto económico y en nuestras “necesidades”, ¿puedo pagarlo? ¡pues compro!. Pero ¿y el coste ambiental?, ese que costeamos todos, ¿podemos pagarlo?. El hecho de que mi vecino despilfarre en electricidad porque su nivel de vida se lo permite, ¿no me afecta en nada a mi? ¿no nos afecta a todos?. Aquellos que han decidido no molestarse en separar sus residuos, ¿no van en contra de los intereses de todos?.

También como trabajadores deberíamos mostrarnos más exigentes con la gestión ambiental que se realiza de nuestro lugar de trabajo y preocuparnos porque no sea nuestra propia empresa la que esté contribuyendo a agravar la actual situación ambiental que vivimos, a contaminar el entorno que nos pertenece, y participar activamente en las políticas y acciones que en este terreno se pretendan llevar a cabo en nuestra organización, pues todo lo que se haga redundará en nuestro propio beneficio, como trabajadores y como habitantes de este mundo, posibilitándonos un entorno laboral y vital más saludable.

Inexplicablemente, a veces, conseguir esa implicación de los trabajadores resulta tarea complicada, a pesar de que sea en su propio beneficio, a pesar, incluso, de que existan incentivos económicos por el medio.

Nosotros tenemos el poder de decidir quién queremos que marque las directrices en la protección de Medio Ambiente. Nosotros podemos hacer que un producto contaminante no tenga cabida en el mercado. Basta con no comprarlo, con ejercer de consumidores responsables.

Dejé de comprar fruta en una conocida cadena de supermercados porque me obligaban a meter cada tipo de pieza de fruta en una bolsa distinta para su pesada y cobro. Una bolsa para dos peras, otra bolsa para un pimiento, otra bolsa para tres manzanas, … Me negué a generar tantos residuos plásticos para un poco de fruta… Si todos los clientes hiciéramos igual , ¿acaso no conseguiríamos que esa cadena de supermercados cambiara su política en estos temas?. Sumando, sumando, ¿no conseguiríamos evitar la producción de una importante cantidad de residuos plásticos?

Nosotros, simples ciudadanos, somos el eslabón esencial en esa cadena de acciones que llevarán a la solución de los grandes problemas ambientales que sufre actualmente el planeta. No debemos subestimar nuestro poder de acción y mucho menos mostrarnos ajenos a los problemas de contaminación que sufre el planeta. Todos tenemos nuestra responsabilidad. Todos tenemos una parte con la que cumplir. Lo que haga el vecino, a mí también me importa, porque ESTA CASA ES DE TODOS.

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