El “fraude” de la Certificación Ambiental

Si tu actividad profesional tiene algún tipo de relación con la gestión ambiental en las organizaciones, bien porque pilotes esta área en tu empresa, porque seas integrante del equipo que lo gestiona, porque te dedicas a la consultoría en este campo, porque eres auditor de sistemas o porque trabajas para alguna certificadora, estoy segura que lo que te voy a contar, no sólo no te sonará a chino, sino que es muy probable que, de una forma u otra, lo hayas vivido directa o indirectamente, y que tengas experiencias similares a las mías o conozcas o sepas de sitios donde esto es una realidad.

Desearía estar totalmente equivocada en este asunto, y que para nada se estuvieran dando estas circunstancias que voy a relatar, en el mundo empresarial de hoy día, pero la experiencia, tristemente, me dice que no, que esta situación parece ser la tónica habitual en un gran parte del sector y que corremos el riesgo de que acabe siendo representativa de la realidad en la gestión ambiental.

Un gran error que se comete cada vez más en esta área, con orígenes y responsabilidades en las distintas partes que intervienen, y que quiero sacar a la palestra, quizá a modo de “denuncia”, quizá para que alguien me convenza de lo contrario. Así que, si tu experiencia en estas lides demuestra que estoy totalmente equivocada, por favor, házmelo saber!!!

¿Cuánta verdad hay detrás de los sellos de gestión ambiental?

certificacion-ambiental

Para explicar a qué le estoy llamando “fraude”, voy a empezar por definir muy brevísimamente cual es la situación de partida:

Hoy en día, la gestión ambiental de las empresas está estandarizada. Hay 2 referenciales que nos guían hacia como debe ser esta gestión, ISO14001 o EMAS (ISO 14001 vs EMAS: Is that the question?), y que nos permiten, además, que posteriormente un tercera parte (a la que llamamos Certificadora), verifique nuestro sistema y “dé fe” de que existe, está implantado y cumple con el referencial que hayamos elegido.

Los motivos que llevan a una empresa a implantar y certificar un sistema de gestión ambiental son muy diversos, desde la exigencia de su cliente, hasta por concienciación y amplia visión del negocio del propio empresario. Pero independientemente de los motivos que nos lleven a implantar cualquiera de los estándares, voluntarios (sí,… totalmente voluntarios, porque no hay ninguna ley que nos obligue a implantarlos), de sistemas de gestión ambiental, cabe esperar, que si por ejemplo, visitamos dos empresas certificadas ISO 14001, los niveles mínimos de madurez de su gestión ambiental sea igual en ambas, que los requisitos de cumplimiento que le están exigiendo, son los mismos, pues lo que determina éstos no es la entidad que certifica, si no la propia Norma ISO 14001.

Bueno, …esta es la teoría. Empresas que deciden “voluntariamente” cumplir con un estándar de gestión ambiental y entidades que lo certifican porque verifican que esos sistemas cumplen con todos los requisitos que exige la norma de referencia.

Te cuento ahora la práctica que me encuentro, con una frecuencia tal, que considero la convierte en algo más de lo que vendría a ser la excepción que confirma la regla.

Me encuentro empresas que en su momento se vieron obligadas a implantar y certificar sistemas de gestión ambiental por exigencia de sus clientes, del grupo al que pertenecen o para acceder a determinados contratos. Su único objetivo en este caso era obtener ese SELLO, que respondía a la demanda surgida. Y tras realizar ese esfuerzo y conseguir el ansiado certificado, su sistema de gestión se acabó convirtiendo en mera cumplimentación de papeles, a realizar dos días antes de la auditoría externa.

Me encuentro entidades certificadoras que, con el único objetivo de hacer clientes, se prestan a dar el visto bueno a sistemas de gestión que no cumplen ni con los mínimos exigidos por los referenciales adoptados. Sociedades que siguen a rajatabla aquello de “el cliente siempre tiene la razón”, asumiendo su papel de simple proveedor de auditorías, empobreciendo y desvirtuando la herramienta en pro de, únicamente, incrementar sus beneficios a corto plazo.

Visto desde ambos lados (el de las empresas que se certifican y el de las certificadoras), esto, es al fin y al cabo, una forma de competencia desleal. Las empresas que consiguen certificarse sin prácticamente integrar la gestión ambiental en su organización, están ofreciendo el mismo valor añadido que su competencia, que por el contrario, además de tener el mismo certificado, sí hace gestión ambiental. Las certificadoras que regalan certificados a cualquiera que se los pague, lo mismo dentro de su gremio.

El resultado de este desaguisado es, por ejemplo, que injustamente ponemos al mismo nivel sistemas de gestión que no se parecen ni en el blanco de los ojos con que se miran. Una empresa que realmente hace un esfuerzo en su día a día para integrar la variable ambiental en la gestión estratégica de su organización, que se molesta en reducir los impactos ambientales de su actividad, que aporta todos los recursos necesarios para una gestión ambiental eficaz, estaría, desde el exterior, al mismo nivel que otra que lo único que ha hecho en este campo es pagar para obtener un sello. Visto desde fuera, ambas ostentarán la certificación ISO 14001, por lo que para el público, para la administración o para sus clientes, tendrán la misma consideración… No parece justo, ¿verdad?

Si la gestión ambiental está estandarizada, ¿cómo puede ser que existan esas enormes diferencias?

Pienso, sobre todo, en muchos buenos profesionales, que sé que hay en muchas empresas, dedicados y preocupados porque la gestión ambiental en sus organizaciones alcance las cotas más altas de excelencia, y que, con estas prácticas, al final, ven su trabajo situado al mismo nivel que el de cualquier trabajador que, a regañadientes, ha tenido que aceptar el marrón de preparar cuatro papeles dos días antes de la auditoria (es decir, hacer toda la labor de gestión ambiental que se hace en su empresa)

Yo, mismamente, me he sentido ofendida en ocasiones, viendo como todo el esfuerzo que realizaba en mi empresa para mantener unos altos niveles de protección ambiental, quedaban situados en la misma “categoría” que el de otras empresas, en las que sabía perfectamente que, de gestión ambiental nada de nada… pero como habían obtenido su certificado igualmente, no hay más que hablar!

De rebote, los propios referenciales de Gestión Ambiental, se desvirtúan y acaban convirtiéndose en una simple estampita que cualquiera puede lucir si paga el precio correspondiente. Su credibilidad, con razón, pasa a ser cuestionada y pierden su objetivo principal, pues dejan de ser indicativo de una buena gestión ambiental en las organizaciones.

A estas alturas, a mí, una Certificación ISO 14001 o EMAS, ya empieza a no decirme mucho. Tengo que ir más allá y saber quién ha emitido esa certificación para tener al menos una idea inicial de si la gestión ambiental que se realiza en esa empresa puede ser creíble.

“Dime con quién te certificas y te diré cómo es tu gestión ambiental”

Al final, lo único que se consigue es dar consistencia a esa leyenda, tan extendida como errónea, de que los sistemas de gestión ambiental no son más que puro papeleo. (SOBRE LA INJUSTA “MALA FAMA” DE LOS SISTEMAS DE GESTIÓN)

Si eres uno de eso empresarios que, por una razón u otra, te has visto en la necesidad de implantar y certificar un sistema de gestión ambiental en tu organización, un consejo:

No desperdicies la inversión realizada. Ya tienes el certificado que precisabas, ahora puedes rentabilizar la inversión fácilmente haciendo un uso adecuado de la herramienta. El sistema de gestión no sólo te servirá para disponer del SELLO que te han demandado, sino que, podrás conseguir grandes ahorros en tus facturas de electricidad, agua o materias primas. Con una buena gestión, reducirás significativamente tus costes de gestión de residuos, optimizarás tus procesos, y evitarás gastos extras derivados de sanciones por incumplimientos legales. Si una vez que consigues el certificado, abandonas y olvidas la gestión ambiental de tu empresa hasta la próxima auditoria, la inversión realizada no tendrá ningún retorno y seguro estarás tirando dinero en algún aspecto de tu actividad productiva diaria.

Si eres responsable de una entidad de certificación, déjame que te diga algo:

Otorgar certificados con el único leitmotive de conseguir más clientes, no hará ningún favor ni a tu empresa, ni a la de tu cliente. Tu marca se devalúa, la convertirás en sinónimo de baja fiabilidad, … sí, seguro que consigues muchos clientes, todos aquellos que quieren poder lucir su certificado cuanto antes y con el mínimo esfuerzo, pero estarás negando, a estos mismos, la posibilidad de conocer todos los beneficios que la gestión ambiental puede aportar a su organización. Y por supuesto, su sistema de gestión sólo será un gasto, nunca una inversión con beneficios inmediatos. Al final, lo que conseguirás es poner en cuestión tu propia profesionalidad y aunque los beneficios a corto plazo sean satisfactorios, a medio y largo plazo no es bueno para el negocio. ¿Te gustaría que cuando alguien vea que tu marca estás detrás de la certificación ambiental de un empresa, la frase siguiente fuese: ¡no me extraña que se hayan certificado… con éstos cualquiera!? Pues yo, ya la he pronunciado unas cuantas veces.

Pero la peor consecuencia de todo ello es, sin duda, que estas prácticas nos están llevando a desvirtuar por completo los referenciales de gestión ambiental. Las normas pierden su significado y dejan de ser garantía fiable y sinónimo de una buena gestión ambiental. Los certificados pierden su función original.

La única diferencia entre un sistema de gestión ambiental certificado y otro que no lo está es, simplemente, que en el primer caso, tu puedes demostrar fácilmente que has integrado la gestión del Medio Ambiente en la estrategia de tu organización, mostrando un simple certificado (porque eso indica que una tercera parte ha comprobado que es así), mientras que en el segundo, tal demostración sería mucho más complicada.

Como te decía, para mí ya no es suficiente ver un certificado ISO 14001 o EMAS para poder deducir que una determinada empresa muestra respecto por el Medio Ambiente en su actividad diaria.

Al paso que vamos, las empresas que sí realizan una buena gestión ambiental, ¡lo tienen cada vez más complicado para demostrarlo! ¿No crees?

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6 pensamientos en “El “fraude” de la Certificación Ambiental

  1. Buenos días, Verónica. 101% de acuerdo con tu comentario. Ya lo hemos hablado muchas veces, una cosa es la idílica teoría o como debería ser…. y otra es la cruda realidad. Tu tienes infinita experiencia más que yo en esta materia, pero por lo poco que he percibido y deducido sólo puedo darte la razón. Y si lo reflexionamos tranquilamente es una pena, o una desgracia. Una adecuada gestión ambiental es vital para nuestro futuro como especie en este planeta, pero la inmensa mayoría de la gente no lo percibe así…. y muchos de los que si lo ven se pliegan a intereses de más peso… sobre todo el económico.
    Entiendo que las certificadoras son entes privados sobre todo, y no dejan de ser empresas y como tal requieren obtener ganancias, pero si el concepto de gestión ambiental reconocido por certificadoras quiere tener futuro, debe ser real y justo…. ¿Cómo una empresa puede tener el certificado EMAS y el ISO14001, y no tienen ni pajolera idea del tema, que un “becario” sepa más que ellos, con todo el sistema de gestión externalizado y no formando parte del día a día de la empresa…? ¿Qué concienciación es esa?¿Están “comprando” el poder lucir, enmarcado, un “diploma”? ¿Qué concienciación ambiental es esa?
    Para mi el asunto es como el concepto de auditoría…. si las certificadoras no son entes, organizaciones imparciales y justos….. el tener un diploma no da ningún valor real.
    Una certificación, para mi, es una tema muy interesante e importante, pero si solo va a depender de cobrar y pagar, sin más….. yo pondría un poster de Sharon Stone o una imagen de un bello anochecer….. es más real que algunos ejemplos de certificación que se pueden dar y luce más.
    ¡¡Un abrazo PROFE!!

    • Ja, ja, ja…. mejor un póster de un bonito paisaje campestre, Mon!, por lo menos es algo relacionado con el Medio Ambiente y ya pueden decir que lo tienen integrado en la empresa!
      La verdad es que el tema no tiene ninguna gracia (se hace mucho daño los referenciales en sí y a los profesionales que nos lo tomamos realmente en serio), pero ya sabes, habrá que tomárselo con un poco de humor!
      Abrazos!

  2. Tiene usted más razón que un santo, siempre he defendido la idea de que lo importante es que funcione el sistema y sea de utilidad y lo demás. las certificaciones, deberían de ser solo la guinda del pastel.
    Lamentablemente se han convertido en un simple gran negocio en el que la competencia y el dinero acaban desvirtuando los objetivos.
    Cuando digo que certificarse OHSAS 18001 (soy más de PRL aunque algún pìnito he hecho en MA) no sirve para nada a efectos prácticos y que no lo recomiendo salvo que sea por obligaciones de otra índole porque lo que sirve es el sistema si funciona, me miran como si fuese un marciano.
    Contado por usted suena más creible quizá.

    • Xosé Manuel, no puedo más que darle la razón. Yo soy de Medio Ambiente y de PRL,(aunque el primero me tira bastante más ツ ), y es cierto, para obtener los beneficios de implantar un sistema de gestión, lo que hace falta no es certificarse, si no integrar y utilizar adecuadamente la herramienta. Eso es lo que lo hace que en lugar de un gasto, sea una inversión con retornos a muy corto plazo
      Muchas gracias por pasar por aquí y aportar tu punto de vista.
      Saludos!

  3. Ocurre exactamente lo mismo que con las famosas ISO 9001. Hay que hacer mucha pedagogía a las organizaciones para que interioricen lo que realmente significa disponer de un sello de calidad y/o medio ambiente y valoren realmente lo que significa disponer de este valor añadido. El “todo vale” y el “quiero el sello lo antes posible aunque sea de adorno” quita sentido al trabajo que hay detrás y el sentido de conseguir el certificado.

    • Así es Alberto. Cualquiera de los referenciales de sistemas de gestión son a menudo inversiones en “saco roto” porque las empresas sólo son capaces de ver en ellos la obtención de un “sello” y las certificadoras, con tal de ganar un nuevo cliente, certifican lo que sea. Gran error por ambas partes!!!… y gran daño el que hacen tanto a los profesionales que nos lo tomamos en serio, como a los propios referenciales y a ellos mismos!
      Mil gracias por pasar por aquí y dejar tu opinión, Alberto
      Saludos ㋡

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