El Bueno, el Feo y el Malo de 2016

Pues sí, …ya hemos llegado otra vez hasta aquí! Otro año que se acaba y que como todos, se nos ha pasado volando.

El 2016 nos deja en apenas un día, y nos centramos en prepararnos, con nuestras mejores intenciones, para recibir al nuevo año. Sin pensarlo demasiado y a bote pronto, parece que en este año no hemos hecho nada, pero si te paras a reflexionar un ratito sobre el tema, te das cuenta que el año que se acaba ha cundido más de lo que a priori parecía.

Hacer balance del año que nos deja es un ejercicio muy recomendable en todos los ámbitos, tanto en el profesional como en el personal, porque nos ayuda a hacernos conscientes de todo lo que éste ha dado de sí y de lo que ha supuesto un año más en nuestra vida.

Mi balance personal ya está realizado, así que, toca valorar como ha sido el año 2016 para la Gestión Ambiental, y a ello me pongo en este artículo.

Al igual que hice el año pasado, te quiero contar qué ha sido, para mí, lo Bueno, lo Feo y lo Malo para el Medio Ambiente durante este año que nos deja. Aquellos acontecimientos por los que recordaré el paso del 2016 en mi campo profesional. Pero esta vez, haré una pequeña variación en el orden de los ítems. ¿Por qué?.. Muy sencillo: ¡quiero acabar el año en positivo! Así que, te presento a el Feo, el Malo y el Bueno de 2016!

¿Qué acontecimientos ambientales nos evocará el 2016?

bueno_feo_malo-2016

 

EL FEO: Cambios políticos que asustan

El 12 de diciembre de 2015, representantes de 195 países se reunieron en Paris para acordar un protocolo mundial contra el cambio climático comprometiéndose, entre otras cosas, a evitar que la temperatura media global aumente a dos grados en 2100. Fue mi Feo de 2015, por haber resultado un acuerdo “no tan bonito” como se esperaba. Para definirlo en una palabra diría, decepcionante. En resumen, el producto de esta cumbre fue un texto excesivamente abierto, con compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero no vinculantes (por no constituirse como una obligación), sin fecha fija de entrada en vigor, sin aplicación inmediata, que sería lo suyo dada la urgencia de la situación, con objetivos muy poco ambiciosos, ilusorios e inalcanzables, que ni planteaba un modelo energético basado en las energías renovables, ni se hablaba de frenar la inversión en combustibles fósiles, ni reducir el consumo de hidrocarburos y carbón y con una entrada en vigor estimada aún para el 2020.

Y de forma indirecta, la 21 Conferencia de las Partes de la Convención Marco sobre el Cambio Climático vuelve a formar parte del Feo de 2016. En noviembre de este año, cuando la mayoría de socios de la Unión Europea lo habían ratificado, y ya lo habían hecho más de 80 países responsables de 70% de las emisiones de dióxido de carbono, incluidos China y Estados Unidos, los mayores emisores de esta contaminación, y todos se las prometían felices por el que, para ellos, era el Gran Acuerdo del Clima, llegó la elección presidencial en Estados Unidos, y con ella el fenómeno Trump, ese señor acérrimo defensor de la energía basada en los hidrocarburos y muy poco partidario de seguir la política de Obama de impulsar las energías renovables.

Y si ya pintaba feo en 2015, ahora mucho más. Durante su campaña electoral, Donald Trump, repitió una y otra vez, que el cambio climático no era más que un invento (de los científicos para obtener dinero para sus investigaciones o de China). Y, mientras que el apoyo del presidente Obama fue determinante, junto con el de China, para llegar a un acuerdo sobre el clima en París, pronunciándose, además, en diversas ocasiones sobre la necesidad de apoyar los esfuerzos comunes para frenar el calentamiento global, Trump ya ha dicho que su país no lo cumplirá y evitará que el dinero de los estadunidenses vaya a reforzar los programas contra el cambio climático definidos por la ONU.

Entre sus promesas políticas estaba retirar a su país de los acuerdos internacionales sobre el clima una vez que ocupara la Casa Blanca. Y lo que más asusta no es que un político llegue a plantear este tipo de promesas como arma electoral, sino que, con esas promesas triunfe y acabe erigido como Presidente de la primera potencia mundial.

Bueno, está por ver lo que pasa. En el caso de que EE.UU. decida abandonar el Acuerdo de París, se requieren por lo menos cuatro años para que éste abandono sea efectivo, pero lo que sí podría hacer sin tanto problema, es abandonar la Convención Marco acordada por la ONU en 1994 sobre el Cambio Climático, lo que automáticamente permitiría a Estados Unidos incumplir el Acuerdo de París. Lo que está claro es que la retirada de Estados Unidos dejaría el acuerdo en la cuerda floja.

¿Hará efectivo el señor Trump ese abandono del Acuerdo de París? ¿Y de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático? ¿Reducirá sus aportaciones financieras en materia de clima? De momento, sólo pinta feo, feo… veremos que ocurre en 2017.

EL MALO: El incendio de Seseña

El día 13 de mayo de 2016 se desata un incendio en el considerado como mayor vertedero de neumáticos de Europa (situado en la localidad de Seseña), produciendo una columna de humo venenoso, visible a más de 40 Kms. El cementerio de neumáticos arde en llamas y se activa el nivel 1 de emergencias.

Escuchar el suceso en las noticias despertó mi memoria… ¡Vaya! esto me suena. Sí, sí, estoy segura, de haber visto, hace poco, este vertedero en un documental.

Y así era. El mismo vertedero que ese día ardía en llamas había sido objeto de una parte del documental “Sobra basura” de Comando Actualidad hacía bien poquito (marzo de 2015). Explicaban por aquel entonces que desde aproximadamente el 2001, y durante unos 10 años, aquel terreno había estado recibiendo el depósito ilegal de neumáticos provenientes desde distintas partes de la geografía próxima hasta haberse llegado a juntar aproximadamente unas 100.000 Tn. Una empresa que actuaba al margen de la ley y una Administración demasiado permisiva había sido el origen de aquel océano negro perfectamente identificable en la imagen satélite de la zona.

(Pincha aquí si quieres ver esa parte de documental “Sobra basura” de Comando Actualidad)

Al visualizar nuevamente el documental, tras saltar la noticia, me sorprendí al ver la capacidad premonitoria del reportero, quien en conversación con el alcalde de la localidad planteaba las nefastas consecuencias que para los vecinos de la zona podría llegar a tener la ocurrencia de un incendio en el vertedero (cierto es que se quedaba muy corto, pues en caso de producirse tan “extraña situación”, las consecuencias irían mucho más allá que los vecinos de la zona). Pero más sorprendida me quedé al re-escuchar la respuesta que le dio el alcalde (el mismo que, tras el incendio, aparecía en los medios confirmando que el suceso provenía de un foco provocado):

“Hoy en día la situación es infinitamente mejor a la que había en el año 2011. Hoy contamos con un plan de seguridad, hoy hay una serie de medidas de seguridad que se han puesto en marcha, hoy hay seguridad privada las 24 horas del día, existe una doble valla también de seguridad. Hoy la protección es muchísimo mayor a la que existía en el año 2011” (Alcalde de Seseña. Marzo 2015)

Pues sí, ya veo que la situación era infinitamente mejor y que las probabilidades de incendio eran totalmente remotas.

También contaba el alcalde, que una empresa (seleccionada entre otras 100 por la fuerte garantía que presentó) estaba haciéndose cargo de la gestión de los residuos acumulados y que se calculaba que en tres años y medio no quedaría allí ni un solo neumático. Pues al final, ya no les dio tiempo…

¿Qué pasó?

Causa superficial: Según las primeras investigaciones del Seprona el fuego habría sido provocado y se investigó a dos empresarios valencianos y uno manchego que, como responsables, podrían haber contratado a unos sicarios para originar el incendio a cambio de 5.000 euros.

Causa profunda: pasó lo que pasa siempre, que hasta que no ocurren las desgracias, no se hace nada. Un vertedero ilegal, conocido y consentido por la administración, declarado ilegal en 2003 y que sin embargo, llegó a tener una licencia para el reciclaje de neumáticos, cuando allí jamás se desarrollaron actividades de ese tipo. Todo el mundo conocía su existencia, todos sabían que es lo que pasaba allí, se disponía de herramientas necesarias por parte de la Administración para controlar la situación, se contaba con normativa clara y específica que determinaba como se debían hacer las cosas (sólo como pequeño ejemplo, el Real Decreto 1619/2005 sobre la gestión de neumáticos fuera de uso) y medios para encausar a aquellos que no la cumplieran. Pero no se hizo nada. Causa profunda, una vez más, la dejadez.

Por desgracia no fue el único ejemplo de la inoperancia de la Administración y de las empresas en cuanto a la gestión ambiental durante 2016. En agosto sufrimos también el de Chiloeches (una empresa de gestión de residuos que a pesar de realizar prácticas totalmente ilegales en su actividad, disponía de Autorización Ambiental Integrada, y si sabes lo que es una Autorización de este tipo, te darás cuenta que la situación es, como poco, alucinante), y otros más, que dejaron al descubierto las importantes deficiencias que existen en cuanto al control ambiental por parte de la Administración y en el cumplimiento por parte de las empresas. Tal y como planteaba cuando escribí ¿EN QUÉ EQUIPO JUEGA LA ADMINISTRACIÓN AMBIENTAL?, ¿vigilamos a quién debemos?

No voy a hablar de las importantes consecuencias que tienen sucesos como el de Seseña (fuerte contaminación, pérdidas económicas, deterioro ambiental, enfermedades en la población…), porque de todo esto creo que ya toda España aprendió mucho en los días posteriores a la tragedia, cuando incluso  “descubrieron” que había cementerios de neumáticos en diversos puntos de la geografía española. Pero si quiero recalcar que irregularidades como las de Seseña o Chiloeches se dan en otros muchos lugares, y que al igual que en estos casos son situaciones archiconocidas, como mínimo, en el entorno donde se ubican. Habrá que pedirle al 2017 un poco más de proactividad por parte de todos los implicados.

EL BUENO: La moda de la Economía Circular

Me ha costado bastante asignar esta categoría. Durante unos días le estuve dando vueltas al tema y me negué una y otra vez a pensar que no había ocurrido nada bueno con el Medio Ambiente en el 2016. ¡Hay que ser positiva!, me dije una y otra vez. En primera instancia, pensé en que la categoría de Bueno del 2016 tenía que ser otorgada a todas aquellas pequeñas acciones que ciudadanos anónimos o pequeñas organizaciones han llevado a cabo a lo largo del año en todo el mundo. Gente convencida de la necesidad imperante de impulsar la protección ambiental en nuestra sociedad, que de forma continuada y desinteresada, ponen su granito de arena en este fin y que tienen el Medio Ambiente presente e integrado en su día a día. Pero necesitaba encontrar un hito que fuese exclusivo de este año que nos abandona, algo Bueno por lo que recordaré al 2016 en la historia de la gestión ambiental.

Piensa Vero, piensa… Y esto es lo que me vino a la cabeza: ECONOMÍA CIRCULAR. El término más repetido en las crónicas ambientales de estos últimos 12 meses. Lo más “pro” de este año ha sido hablar de Economía Circular. Y aunque ya le puse mis pegas al concepto en el artículo LO QUE ME MOLESTA DE LA ECONOMÍA CIRCULAR, sigo pensando, al igual que entonces, que nunca es tarde si la dicha es buena, ¿no?

La Economía Circular está de moda y 2016 marca, para mí, el gran boom de esta moda. Aunque el término lingüístico resulta novedoso, el concepto, como dije en aquel artículo, de nuevo no tiene nada de nada.

Más de 20 años hemos tardado en trasladar la lógica a la práctica, pero parece que ahora, por fin, sí. Industrias, organizaciones, administraciones y hasta las grandes marcas comerciales (como IKEA o Inditex) se han unido a la Economía circular. Todos implantando, por fin, medidas para que los residuos de los que son responsables puedan retornar nuevamente al ciclo productivo y evitar que valiosas materias primas acaben desperdiciadas como residuos.

Una moda que ha estallado fundamentalmente en 2016 y que, como espero que no sea pasajera, porque creo que ya nos hemos dado cuenta de que no nos sobran los recursos, le otorgo el puesto de Bueno de 2016. No es la panacea de las problemáticas ambientales, y está claro que para conseguir ser realmente efectivos en la solución de éstas, habría que anteponer muchas otras medidas a la Economía Circular, pero es, al menos, el inicio del cambio, el comienzo de un nuevo camino que nos llevará a abandonar, de una vez por todas, el modelo insostenible de economía lineal.

Cierro así mi 2016, y aun habiendo cambiado el orden de las categorías para quedarme con un buen sabor de boca, sigo teniendo la sensación de que este año se me ha quedado corto en cuanto a bondad ambiental. ¿Me habré despistado de algún otro acontecimiento digno de la categoría de Bueno para este año?… ¿Que tal si me ayudas a recordar un 2016 más en positivo?… ¿A quién le otorgarías tú este galardón?

Esperando que en los próximos doce meses lo hagamos un poquito mejor…

¡¡¡Feliz 2017!!!.

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2 pensamientos en “El Bueno, el Feo y el Malo de 2016

  1. Ante todo Feliz Navidad, Verónica, te deseo una buena entrada en el año nuevo, ya faltan horas….
    “El bueno, el malo y el feo”…. una película que adoro, de mis favoritas de siempre, y con un título muy aprovechable para valorar un año, en este caso a nivel ambiental.
    Para mi el feo y el malo, lo comparten varias naciones… las de siempre, con el añadido del analfabeto funcional de Trump. Pocas cosas me horrorizan más que ver esas ciudades chinas, con una niebla tan cerrada como la que nos podemos encontrar en Puxeiros…. sí, en Madrid y otras ciudades españolas hay contaminación, pero esas imágenes en las que la gente va por la calle y apenas puede ver más allá de un par de metros, me horrorizan. Ya lo comentamos alguna vez…. no siento ninguna admiración por China, para mi el gran problema para la Humanidad a corto, medio y largo plazo, espero equivocarme, pero no lo creo. En temas de medio ambiente, China, es una “plaga bíblica”.
    Hay infinidad de cosas que podríamos citar dentro de lo “feo y malo”, pero como soy positivo siempre que se pueda, me centraré más en algo bueno….
    Archipiélago de las islas Hawái y alrededores, declarados de protección especial, miles de km2 protegidos, especies protegidas….. También el reciente acuerdo firmado por EEUU (Obama) y Canadá para no realizar perforaciones en búsqueda de petróleo y gas en las zonas del Ártico y de costas de ambos países… Aunque el cáncer de Trump quiera anularlo, tendrá que ir a juicios etc que lo ralentizará mucho…. Eliminación de la aberración de la “fiesta” (¡¿?!) del toro de la Vega…..
    Y sobre todo, el título de bueno del 2016, lo reservo para la persona que me ha hecho mucho más consciente de la gestión ambiental de lo que era antes….. Como biólogo, siempre he sido un amante de la naturaleza y de los animales, pero tenía bastante desconocimiento sobre temas de reciclaje etc….. he aprendido bastante sobre ello, gracias a mi Clint Eastwood particular que me ha enseñado mucho sobre ello.
    Un abrazo muy fuerte, Verónica, y te deseo una feliz entrada de año para ti y los tuyos.

    • Mil gracias, Mon!!! Me ha encantado tu comentario. Ya sabía yo que me olvidaba de muchas bondades ambientales del 2016! Genial tu aporte para finalizar el año en positivo 😉 Me quedo con tus tres propuestas como dignas candidatas al Bueno 2016.

      Feliz Año para ti también. Seguro que el 2017 te traerá tus deseos cumplidos. Te lo mereces!!!

      Bicos y abrazos

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