EL 2018 EN EL MEDIO AMBIENTE: ¿Un año bien invertido o un año malgastado?

Pues sí, aquí estamos de nuevo, a puntito de acabar otro año más. Doce meses enteritos que han pasado, como siempre, casi sin darnos cuenta.

Y como todo va tan rápido, no hay nada como pararse un rato para echar cuentas y ser conscientes de que, aunque a priori parece que no ha pasado nada, que fue casi ayer mismo cuando empezábamos el año con todas nuestras ilusiones puesta en él, en realidad, sí han pasado muchas cosas, algunas deseadas y otras no.

A nivel personal, intento realizar siempre este ejercicio de repaso, acerca de todo lo ocurrido en el año que se acaba, porque me ayuda a recordar todo lo vivido y me hace reflexionar sobre los aciertos y errores cometidos… Mi balance personal de 2018 ¡ya está hecho!

Pero… y con el Medio Ambiente ¿Qué? ¿Cómo han ido las cosas? ¿Han sido 365 días bien aprovechados o un año más que ha pasado sin pena ni gloria?

Balance ambiental del 2018: Lo Bueno, lo Feo y lo Malo del año que despedimos

Balance ambiental 2018

Pues toca echar la vista atrás para ver que nos ha reportado el 2018 en lo que a la gestión ambiental se refiere.

Como en años anteriores, y para no liarme con un montón de acontecimientos con repercusión sobre el Medio Ambiente (que los hay, porque al fin y al cabo, estamos íntimamente ligados a él y todos nuestros actos le repercuten), voy a resaltar aquellos que quedarán en mi memoria como los más representativos este año que despedimos, definiendo, lo que para mí ha sido LO BUENO, LO FEO y LO MALO de estos 12 meses.

LO BUENO: La lucha contra la contaminación por Plástico toma fuerza

A pesar de que hacía tiempo que sabíamos de la existencia de una gran isla de residuos plásticos en el Pacífico, el problema nos parecía lejano y totalmente ajeno a nuestra realidad diaria, hasta que este año parece que empezamos a “caer de la burra”.

Comenzamos a ser conscientes de la gran dimensión del problema, que convive día a día con nosotros, presente en lo que comemos, en lo que bebemos, en los productos de higiene personal que utilizamos y, que a través de estas vías, acaba formando parte de nuestro propio cuerpo. Lo vimos en: Viviendo en el Imperio del Plástico. ¿Hay posibilidades de resistirse a su dominación?

En 2018 ha habido mucho movimiento en distintas instituciones en este sentido:

  • La Comisión Europea lanzó una nueva estrategia para limitar el impacto de los plásticos.
  • Numerosos Gobiernos han iniciado acciones para atacar esta plaga mediante diferentes baterías de medidas que pretenden eliminar el uso evitable del plástico en los próximos años (Francia, Marruecos, Gran Bretaña, …)
  • En España el 1 de julio entró en vigor la ley que transpone la Directiva europea 2015/720 y que obliga a cobrar entre 5 y 30 céntimos por cada bolsa.
  • El Gobierno Balear se propuso acciones más ambiciosas para desterrar muchos artículos plásticos de un solo uso como pajitas, bastoncillos, palitos para caramelos, platos, cubiertos, vasos y bandejas alimentarias desechables,  así como, las bolsas de plástico de los supermercados
  • Más de dos millones de personas han pedido a los supermercados que eliminen el sobre envasado y los plásticos de un solo uso, a través de exitosos movimientos como #PlasticAttack, #Desnudalafruta, etc.

Hasta han elegido la palabra MICROPLÁSTICOS, voz que designa los pequeños fragmentos de plástico que se han convertido en una de las principales amenazas para el medioambiente y para la salud de los seres humano, como ¡la palabra del año 2018!.

Este término ha destacado en la actualidad informativa de este año, de ahí su elección. Sobra decir que el motivo de su protagonismo resulta tremendamente triste, pero por lo menos es un apoyo más para poner este gran problema que hemos generado encima de la mesa.

LO FEO: La oscura guerra contra el Diesel

Si hay una polémica que ha marcado el 2018 esa es, sin duda, la del Diesel.

Durante este año se han publicado miles de noticias sobre el diésel y su contaminación. Lo que era el combustible estrella desde los noventa ha pasado a convertirse en este año en una catástrofe medioambiental contra la que hay que tomar medidas inmediatamente.

En España, la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, adelantó en verano la muerte de este combustible debido a su impacto en partículas en el aire que respiramos y en consecuencia, España registró este año una bajada importante en la tasa de matriculación de este tipo de vehículos.

Varios de los principales fabricantes de automóviles han anunciado que dejarán de fabricar motores gasóleo a corto plazo. El diésel ha quedado sentenciado, al menos en Europa, a lo largo de este año.

El Diesel presenta un fuerte impacto debido a las emisiones de NOx y la Gasolina, más baja en óxidos nitrosos, tienen su principal impacto en la emisión de CO2, que es entre un 20 – 25% mayor que en el caso del diésel.

Por otro lado, la tecnología híbrida tampoco se libra de críticas pues, muchos la acusan de ser más contaminante que las últimas generaciones de diésel (hay quien define los híbridos como los vehículos que más contaminan del mercado) y en el caso de los coches eléctricos, que claramente carecen actualmente de una infraestructura bien desarrollada para el repostaje, sus detractores apuntan a la gran problemática ambiental que presentan sus baterías.

Total, que entre pitos y flautas, aquí andamos los consumidores que no sabemos cuál es la versión de combustible que deberíamos elegir para nuestros nuevos vehículos, mientras nos marean de un lado a otro sin que nadie deje nada claro. Se están penalizando desde los gobiernos los motores de hidrocarburos sin aportarnos a los ciudadanos una alternativa real.

Pero el asunto se torna aún más FEO, por la poca claridad que existe en torno al origen del asunto.

Muchos indican que detrás de todo esto no está el problema de la salud humana ni el de la contaminación ambiental, sino, que son los intereses de los gobiernos, que recaudan más impuestos con la gasolina.

Otros, indican que la verdad está en el agotamiento de los combustibles fósiles al que hemos llegado con nuestra mala praxis (y más teniendo en cuenta que hace mucho que sabíamos que era un recurso limitado), de los cuales el diésel sería la punta de lanza. Como el gasóleo se está acabando, nos vemos obligados a hacer una transición forzada y de urgencia.

(Puedes verlo aquí, en este artículo de El Confidencial)

Y a todo esto hay que añadir la falsedad de datos que publican los fabricantes respecto a sus productos, en cuando al consumo de los mismos (en los que todo parecido con la realidad es pura coincidencia) o respecto a las emisiones que éstos generan, en las que parece que ya hemos asumido como algo normal que todos mientan.

LO MALO: Otra vez, una Cumbre Climática que decepciona

El año 2018 ha registrado la cuarta temperatura media mundial más elevada desde que existen registros. Los últimos cuatro años han sido los más calientes.

Los científicos han verificado con claridad que persisten otras señales reveladoras del cambio climático, sobre todo el aumento del nivel del mar, el calentamiento y la acidificación de los océanos, y el derretimiento de los hielos marinos y de los glaciares.

En este año ha continuado la multiplicación de condiciones meteorológicas extremas que han causado desastres naturales y un considerable número de víctimas y damnificados en distintas partes del mundo: trágicos incendios forestales, tifones, huracanes e inundaciones, el deshielo abrupto del permafrost, la agónica situación de la Gran Barrera de Coral y la triplicación, en los últimos cinco años, del ritmo de deshielo antártico.

La Declaración sobre el estado del clima de la OMM ha revelado que la temperatura media mundial en los 10 primeros meses de este año superó aproximadamente en un 1 grado centígrado la de la era preindustrial (1850-1900). Y ya el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advirtió de que quedan 12 años para salvar el futuro del planeta y no superar 1,5ºC la temperatura global.

Y a pesar de ello, teniendo clara la existencia del cambio climático y conocimiento de las graves consecuencias que éste ya está teniendo y que peores van a ser, seguimos sin tomar acciones contundentes para frenarlo.

Y una vez más, este año quedó patente la falta de ganas de los gobiernos de ponerse manos a la obra y unir fuerzas para solucionar el problema. La Cumbre Mundial del Clima (COP24) terminó marcada por la poca productividad. La 24ª Conferencia de las Partes que se celebró en Katowice, Polonia, del 2 al 14 de diciembre, finalizó sin compromisos firmes para aumentar la acción y la ambición climática.

Se perfilaba como la toma de decisiones más importante a nivel mundial desde París, un momento crucial para impulsar la acción así como el Acuerdo de París, adoptando unas directrices de aplicación sólidas.

Una vez más, los gobiernos han defraudado al mundo. Se ha vuelto a demostrar que los políticos no están a la altura del reto al que nos enfrentamos. Mientras se siguen incrementando las emisiones de CO2 mundiales seguimos sin poner en marcha planes de reducción de emisiones efectivos.

Si todo sigue igual, la temperatura global irá camino a superar los cuatro grados en el año 2100.

Como comentaba antes, estos son los acontecimientos ambientales que quedan en mi cabeza como los más representativos de 2018, pero obviamente ha habido más en el terreno ambiental durante estos 365 días…

  • La cada vez más patente y preocupante contaminación ambiental en muchas ciudades del mundo, que ha llevado a éstas a implementar drásticas medidas durante este año para asegurar o al menos mejorar su salubridad (ejemplo: Madrid, una ciudad que se sitúa entre las peores ciudades europeas en calidad de aire según el ranking de movilidad sostenible de Greenpeace)
  • También una investigación de Greenpeace sacó a la luz operaciones de deforestación ilegal a gran escala en Borneo (Indonesia) para albergar plantaciones de aceite de palma, en un hábitat crítico para la supervivencia del orangután.
  • El Gobierno de España que derogó, por fin, el ‘impuesto al sol’ (ese que dificultaba y desincentivaba el desarrollo de la energía solar fotovoltaica y del autoconsumo eléctrico) y reconoció el derecho al autoconsumo compartido por parte de uno o varios consumidores.
  • Las estaciones de Inspección Técnica de Vehículos (ITV) que tienen, desde septiembre de este año, la obligación de trabajar con los nuevos dispositivos de lectura OBD. Un protocolo que va a comprobar que el sistema de control de emisiones que incorporan los vehículos no presenta errores ni averías y que no ha sido manipulado ni presenta desconexiones o desmontajes fraudulentos.
  • La creación en el gobierno español de un ministerio para la Transición Ecológica, algo vital para que la lucha contra el cambio climático y la conservación de la biodiversidad y el territorio pasen a ser prioritarios.
  • Y la última “alegría” que nos ha dado el año: la noticia de que Japón reanudará la caza comercial de ballenas en julio de 2019, tras su retirada de la Comisión Ballenera Internacional.

Pues ya ves que sí, que en 2018 han pasado unas cuantas cosas relacionadas con nuestra gestión ambiental del Planeta. Algunas buenas y otras no tanto.

En cuanto a definir si hemos invertido bien este año en la protección ambiental o por el contrario lo hemos malgastado, yo ya he sacado mis propias conclusiones…

Y tú ¿cómo lo catalogas? ¿Un 2018 provechoso o desaprovechado?

¡Feliz 2019! 🙂

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