¿ES FÁCIL SER UN CONSUMIDOR RESPONSABLE? O ¿ESTÁ EL ECOLOGISMO RESERVADO PARA RICOS?

Mucho de economía circular, de cambio climático, del horror de la contaminación por plásticos, de ciudades en las que ya casi no se puede respirar… Mucho de que hay que hacer algo, de que si continuamos así nos quedan cuatro telediarios, de que si no actuamos ya en 11 años no habrá vuelta atrás….

Mucho de hablar, hablar y hablar, pero poco, muy poco de actuar.

Y lo peor, es que tengo la sensación, no sé si a ti te pasa, que toda la responsabilidad se la están poniendo al Consumidor.

Qué sí, que nuestros actos, nuestras decisiones y la forma de satisfacer nuestras necesidades influye y mucho, muchísimo, en el tipo de desarrollo que tiene nuestra sociedad. Que los CONSUMIDORES jugamos un papel supra-relevante en lo que concierne al cambio de actitudes y la solución a estos problemas ambientales, porque en nuestras manos está el definir qué papel juega cada uno de los actores del elenco social.

Pero, cuando tomas la firme decisión de no contribuir ni un minuto más a esa autodestrucción que estamos llevando a cabo,

¿Lo tenemos fácil los consumidores para realizar un consumo responsable?

Consumo Responsable

Está claro que estamos viviendo una crisis ambiental sin precedentes.

Cambio climático, contaminación por plásticos, extinción de muchas especies, aire irrespirable en grandes urbes, desperdicio alimentario, volúmenes ingentes de residuos… en fin, problemáticas ambientales cada vez más evidentes e innegables, de las que cualquiera con un poco de sentido es consciente.

Sabemos también que en la solución de esta crisis todos los actores de la sociedad, (administración, políticos, legisladores, ciudadanos, empresarios… ) son necesarios y juegan un papel crucial, pero, entre todos ellos uno de los más relevantes somos los consumidores.

Porque está en nuestras manos definir qué papel jugará el resto a través de nuestras decisiones.

Con nuestras decisiones determinamos qué empresa tienen cabida en el mercado, qué políticos nos van a representar, cuál es la moda que debe triunfar, que estilo de vida debe imperar, …

Y como cada vez somos más conscientes de todo ello, por suerte, poco a poco va creciendo el número de consumidores que nos planteamos ejercer otro tipo de consumo, adoptando comportamientos más sostenibles e incorporando el Medio Ambiente en nuestras decisiones de compra.

Pero a la hora de convertirte en un consumidor responsable hay muchas barreras que te encuentras por el camino, que, quizás no te hagan desistir del todo, porque esto es una cuestión de convencimiento y de principios, pero pueden llegar a hacer que dudes de continuar por ese camino o que, en ocasiones, te plantees rendirte ante el imperio de hiperconsumismo impuesto.

Las dificultades que te encuentras para ejercer un consumo responsable…

La falta de tiempo, la obsolescencia programada, lobbies que manejan el mercado en pro de sus propios intereses, legislación que en vez de ayudar pone trabas, falta de alternativas comerciales, problemas para encontrar comercios sostenibles, falta de información fiable (a veces nos resulta imposible saber de dónde vienen las cosas y cómo se han producido), desconfianza en las políticas sociales de las empresas (cuesta reconocer qué empresas tienen un compromiso real con el medio ambiente y las causas sociales o sólo practican el “greenwashing”), el desánimo que nos provoca ver problemas ambientales y sociales como causas perdidas.… son algunas de las muchas barreras con las que nos encontramos a la hora de ejercer como consumidores sostenibles.

Pero, sin duda, una de las mayores barreras es el precio.

Está claro que para todos los que no nos sobra el dinero, el factor precio es determinante en nuestras decisiones de compra. Y la realidad es que los productos sostenibles o ecológicos son más caros que los que no reúnen estas cualidades.

El precio, la barrera sin sentido para un consumo responsable

La falta de alternativas asequibles es algo que nos echa para atrás a muchos consumidores comprometidos, ya que los productos ecológicos suelen ser más caros (en algunos casos bastante más caros) y no todos los bolsillos se lo pueden permitir

Y es que, aunque con toda la que tenemos encima en términos ambientales interesaría fomentar, impulsar y primar el consumo de productos más respetuosos con el Medio Ambiente, más bien parece que se hace todo lo contrario.

Y es aquí cuando me pregunto: si uno de los principios fundamentales de la legislación ambiental es “EL QUE CONTAMINA PAGA” ¿no debería ser que EL QUE NO CONTAMINA PAGA MENOS?

¿Por qué los que queremos ejercer un consumo más responsable somos los que tenemos que pagar más? ¿No debería premiase una actitud en pro del medio ambiente? o en el otro sentido: ¿no debería estar gravada la falta de colaboración en la solución a esta problemática o ser parte activa del agravamiento del problema?

Y es que ¿Cómo vamos a conseguir que cada vez sean más los consumidores que demanden productos sostenibles, si sus precios resultan inasequibles para ellos?

Actualmente acceder a los productos ecológicos, sostenibles, responsables, respetuosos con el Medio Ambiente o como quieras llamarlos, está limitado a aquellos que tienen dinero para poder comprarlos. Esa es la realidad. Entonces, ¿es que el ecologismo está reservado para ricos?

Creo que dada la situación que estamos viviendo, este tipo de productos deberían estar apoyados e impulsada su compra por medio de tasas reducidas, ayudas especiales en su adquisición, precios más convenientes, bonificaciones fiscales y otros estímulos… Por ejemplo, bien podrían estar exentos o tener un IVA más que reducido.

Y lo mismo para aquellos que se animen a emprender poniendo en marcha un negocio ecológico. Hay que incentivar todo lo que se pueda este tipo de comercios para incrementar la demanda y promover el cambio de actitudes. Las ayudas que hay actualmente para este tipo de negocios son muy puntuales, escasas e insuficientes para que alguien se aventure en este camino.

¿Está justificado ese mayor coste de los productos ecológicos?

Comprar un coche menos contaminante, un cepillo de dientes o un cosmético sin microplásticos, un electrodoméstico con mayor eficiencia energética, o un aparato que produzca menos ruido nos costará bastante más caro que su homologo no sostenible.

Incluso si compramos productos hechos con materiales reciclados, dónde la materia prima al fabricante puede llegar incluso a salirle a coste 0, tampoco conseguiremos ventajas de precio en su compra, sino más bien todo lo contrario.

Por lo que, aunque en algunos casos su proceso de fabricación pueda estar detrás de ese mayor coste, no siempre es así.

¿Cómo se justifica entonces que productos que conllevan importantes ahorros ambientales para todos supongan un mayor coste para quien lo compra?

La razón principal a la que se suele aludir es a que estos productos tienen una menor demanda, lo que lleva a los productores a compensar esta situación con un mayor precio.

Pero, si no se estimula esa demanda de alguna forma,… ¡siempre estaremos igual! ¿Será siempre la pescadilla que se muerde la cola? ¿Se quiere realmente solucionar las problemáticas ambientales de nuestra sociedad actual?

La responsabilidad no puede recaer sólo sobre los consumidores, sino que las administraciones públicas deberían también responsabilizarse de fomentar este cambio de hábitos,

Y esta responsabilidad no está sólo en implementar políticas que ayuden a consolidar nuevos hábitos de consumo en los ciudadanos, sino que ellas mismas, como grandes consumidoras de recursos y servicios, deberían dar ejemplo de ese consumo responsable, necesario para restablecer el equilibrio entre el ser humano y el Medio Ambiente.

Tengo muy claro que la mayoría de los consumidores comprarían más productos ambiental y socialmente responsables si éstos no costaran más.

Al menos se debería democratizar el consumo de los productos sostenibles. Que cualquiera pueda acceder a ellos y que no sea el precio lo que condicione la decisión de compra de los consumidores hacia ellos, si no que éstos puedan ejercer fácilmente su voluntad y compromiso de reducir su huella ambiental y adoptar comportamientos más sostenibles si así lo desea.

Seguramente así se incrementaría notablemente este tipo de consumo y se conseguiría un verdadero cambio de hábitos en la sociedad.

Mi experiencia tratando de ser más responsable en mis  compras

Yo no vivo en una gran ciudad, dónde es posible que existan más alternativas. Tampoco nado en la abundancia, por lo que, cuando voy a comprar algo, el precio es un factor que influye seguro en mi decisión.

Lo que yo me encuentro es posiblemente lo que se encuentran la gran mayoría de consumidores.

Las únicas tiendas ecológicas que hay en mi entorno son de productos de alimentación, en sitios muy localizados a los que tengo que desplazarme expresamente (en lo cual interviene el factor transporte y aparcamiento, así como el de “falta de tiempo” que padecemos todos) y por supuesto, a un coste más elevado.

En los supermercados estándar habituales, me puedo encontrar alguna esquinita dedicada a estos productos, muy limitada en variedad y bastante más caros que sus homólogos no ecológicos.

Como al final me veo abocada a comprar en estos supermercados, trato al menos de elegir aquellos productos que no estén presentados en plástico, o que lleven los menos embalajes posibles, que no contengan aceite de palma,.. Y aunque no es mucho lo que pido, la tarea tampoco resulta fácil. A veces incluso imposible. Así que, con bastante frecuencia, me quedo sin comprar muchos productos porque me niego a colaborar con esas marcas que se empeñan en no hacer nada por adaptarse.

Si hablamos de productos de cosmética o higiene corporal ya sólo puedo recurrir a esas tiendas  ecológicas tan especiales y limitadísimas que hay en mi entorno, y aún ahí, la oferta es del todo mínima.

Con la ropa y calzado, ¡ya ni te cuento!… Nada de nada. La única opción es recurrir a las compras online (olvídate de promover el comercio de cercanía), pagando precios muy altos (aunque sean una zapatillas hechas con residuos plásticos sacados del mar), a los que hay que añadir los costes de envío.

Para el resto de productos, más de lo mismo.

Si quiero comprar un aparato más eficiente, menos ruidoso, un coche menos contaminante, o cualquier otro producto que sea menos perjudicial para el Medio Ambiente, toca pagar bastante más. Y aún dispuesta a un mayor desembolso en pro del bienestar ambiental, me quedo con la intriga de si sus componentes provendrán de procesos de obtención y fabricación socialmente justos y no me libro de la obsolescencia programada, ni de otras artimañas de los fabricantes para que, más bien pronto que tarde, tenga que reemplazar el producto por uno nuevo.

Así que,… SÍ, ser un consumidor responsable y preocupado por el medio ambiente sigue siendo una carrera de obstáculos. Una situación que sería fácil de cambiar si existiese un interés real de transformar nuestro modelo de consumo, si el interés por solucionar las problemáticas ambientales, que ya empiezan a ahogarnos, primara sobre otros intereses.

Los productos ecológicos tienen que dejar de ser “delicatesen” o “esnobismos” para convertirse en productos de consumo habitual, y que te los puedas encontrar en cualquier tienda o supermercado a precios asequibles para el común de los consumidores.

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