DIME QUÉ TIRASTE Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Los residuos vuelven a la palestra. Tras su salida a escena, allá por los años 90, cuando empezamos a darnos cuenta de que nos quedábamos sin “alfombras” para esconderlos, ahora vuelven a primera línea bajo el término “Economía circular”.

Desde aquel entonces, cambiaron muchas cosas en este sector, nos hicimos conscientes de que los vertederos no eran una buena forma de liberarnos de los residuos, porque aunque los escondamos no desaparecen, nos familiarizamos con las recogidas selectivas, aprendimos la regla de las 3 R, nos hicimos conscientes de que eran un problema, vivimos unas cuantas muy malas experiencias (como el caso del vertedero de Bens en A Coruña), elaboramos mucha, mucha nueva legislación, decoramos nuestras calles con contenedores de colores, y hablamos largo y tendido de lo importante que era Prevenir su generación… sin embargo, año tras año, hemos seguido “increscendo” la producción en nuestra eficiente factoría de basura y parece, que lo único que ha conseguido echar un poco el freno a nuestra desenfrenada producción, como en todos los sectores, ha sido la crisis económica.

Y es que los residuos son consecuencia directa de nuestro modo de vida. Somos nosotros los que los generamos todos los días de nuestra existencia, desde el mismo momento en que aterrizamos aquí. Nos acompañan allá a donde vayamos, son un fiel reflejo de nosotros mismos, “diseñados” y generados  a nuestra imagen y semejanza.

¿Son los residuos, entonces, el reflejo de nuestra “esencia”?

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Lo confieso…

Normalmente suelo intentar mantener una postura optimista con respecto a los problemas ambientales de nuestro tiempo y que cada vez resulta más ineludibles. Pienso que hemos avanzado mucho, o bastante, al menos, y valoro positivamente cada uno de los pasos que vamos dando en el sentido de buscar soluciones y arreglar lo que hemos hecho mal, aunque vayamos a paso de tortuga.

Trato de transmitir un mensaje positivo y esperanzado, pues creo que esa es la mejor manera de sensibilizar y concienciar, es la forma de llegar al mayor número de personas posible y conseguir su involucración y participación activa en esas soluciones a las problemáticas ambientales. Pienso además, que realmente las soluciones a todo ello están ahí, en nuestras manos, y no las concibo como algo complicado, es más, la mayoría de ellas pasan únicamente por una toma de conciencia y un pequeño cambio de hábitos que cualquier sociedad, individuo o empresa puede llevar a cabo sin apenas esfuerzo.

Pero, al igual que a la mayoría, también me llegan momentos de sombras, en los que, miras a tu alrededor, y te parece que llegar a una solución asemeja una tarea harto complicada, y en los que, casi te ves asumiendo que esto no tiene remedio alguno. Lo confieso, yo también me desmotivo.

¿Y, qué pasa cuando el responsable de motivar se desmotiva?

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El Bueno, el Feo y el Malo de 2015

Ya está ahí, en apenas un par de días llegamos al final de otro año más. Otro año que, como todos, ha pasado volando. Cerramos la puerta del 2015 y nos preparamos para abrírsela ya al 2016. Es momento de balances, de cuadrar cuentas, de análisis y valoraciones, sobre lo que ha sido este año que dejamos. Es momento de reflexionar acerca de lo que ha supuesto un año más en nuestra vida, en cualquiera de los ámbitos que nos interesan o que nos movemos, tanto profesionales como personales. Y con este artículo, me pongo a ello.

Es mi pequeño balance de cómo he visto la gestión que hemos hecho del Medio Ambiente durante el 2015, un balance que tiene forma de ranking. Pero un ranking muy particular. No hay primer, segundo y tercer puesto, no hay posiciones numéricas, nada de “top ten” o similares. Quizás es simplemente una catalogación de lo que, a mi entender, son los hechos ambientales más representativos del año que dejamos. Es aquello por lo que recordaré el paso del 2015 en mi campo profesional. Las futuras efemérides ambientales de este año. Son el bueno, el feo y el malo de 2015.

¿Qué acontecimientos ambientales nos evocará el 2015?

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El “QUIÉN CONTAMINA, PAGA” y la implicación ciudadana

Qué rápido nos llevamos las manos a la cabeza cuando ocurre un suceso de las características Volkswagen, Prestige, o Aznalcóllar. Qué activos somos cuando se trata de protestar por las acciones que no emprenden los demás para solucionar la problemática ambiental que afecta a este planeta. Qué fácil resulta ver la paja en el ojo ajeno y que invisible nos resulta la viga en el nuestro.

Se escandaliza el hombre que escucha en la radio la noticia que destapa el caso Volkswagen, mientras conduce en su flamante deportivo adquirido recientemente con criterios únicamente de estética y potencia, y tira alegremente la lata de bebida que acaba de beber por la ventanilla del vehículo.

Ya sé, …si, … no es comparable un desastre con otro, pero, haciendo mi propio examen de conciencia, pienso en que no deberíamos restar importancia a esos pequeños “desastres ambientales” de nuestro comportamiento diario, cuya suma, sí constituye un problema ambiental de envergadura.

Menospreciamos nuestro poder de cambio en la gestión ambiental que hacemos del planeta y nuestra capacidad de poner fin a la mayoría de problemas ambientales que nos acechan. “Eso es cosa de otros, de los que tienen el poder para cambiar las cosas…”, escuchamos con frecuencia. Cosa de gobiernos, instituciones, grandes empresas, políticos, … ¿seguro?.

¿Dónde está el poder para cambiar las cosas?

El Poder de los Ciudadanos

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