¿ES EL MEDIO AMBIENTE LA “MARIA” DE LAS EMPRESAS?

Que hoy en día la protección ambiental debería estar integrada en la filosofía de las empresas para que éstas puedan hacerse hueco y mantenerse en el mercado, parece que cada vez lo vamos teniendo más claro. Que la normativa ambiental es cada vez más sólida y exigente con las empresas que deben asumir el cumplimiento de un creciente número de requisitos legales a nivel ambiental para ejercer su actividad, no cabe duda. Que en nuestra sociedad  existe cada vez más una preocupación mayor por ejercer un consumo responsable, incorporando criterios ambientales a la hora de realizar la adquisición de nuestros bienes y dando la espalda a aquellas entidades, o productos de las mismas, que siguen creyendo que sus cuestiones económicas están por encima de cualquier aspecto relacionado con el Medio Ambiente, se empieza a notar… Pero ¿qué pasa cuando una empresa decide adaptarse a estas nuevas características del mercado e incorporar la variable ambiental en su gestión?

Sea por presiones externas, por concienciación, por obligaciones impuestas, por necesidades operativas, sea por la razón que sea, las empresas se ven cada vez más obligadas a incorporar la gestión ambiental en su organización. Pero, a la hora de designar a la persona que pilotará esta nueva área de gestión… ¿se molesta en encomendar semejante tarea a un profesional cualificado, como haría si se tratara de cualquier otra rama de la gestión interna o se limita a “endosar” tan relevante tarea al primero que pase por allí?

¿Otorgamos a la función ambiental el peso que le corresponde?

Escala MA_PRL_Q

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IMPLICACIÓN DE LA DIRECCIÓN…¿REALIDAD O FICCIÓN?

Ya lo comentaba en un artículo anterior (LOS TRABAJADORES, LLAVE PARA ABRIR LAS PUERTAS A LA NUEVA GESTIÓN), que cuando recae sobre ti la responsabilidad de pilotar e implementar una nueva sistemática de gestión en una organización (llámese ISO 9001, ISO 14001, OHSAS 18001, ISO 22000, 5S, Lean, …), hay puertas importantes que hay que conseguir abrir, para lograr la máxima eficacia de ese nuevo sistema de gestión.

Hablaba en aquel momento del elemento humano de las empresas, los Trabajadores, como clave en el funcionamiento de un sistema de gestión, sin el cual, no es posible lograr el éxito de ninguna nueva herramienta que implantemos, y anticipaba, en ese mismo artículo, mi intención de dedicarle uno, a esa otra llave imprescindible para franquear las dificultades que surgen en la introducción de estos cambios, la Dirección. Hoy quiero aportar mis reflexión y opinión sobre el rol de ese estamento clave, en el funcionamiento de los sistemas.

Sin lugar a dudas, si en la organización se decide implantar un nuevo sistema de gestión en la empresa, (Calidad, Prevención, Medio Ambiente, …) el primer punto de compromiso que debemos asegurar, para garantizar su eficacia, es la implicación de la Dirección. Pero conseguir su total implicación puede convertirse es uno de los principales dolores de cabeza de los responsables de los sistemas, conscientes de que este hecho resulta imprescindible para llevar a buen puerto el proyecto.

La implicación de la Dirección es fundamental en el éxito de un sistema de gestión y su papel va más allá de decidir la implantación. Será el ejemplo para el resto de las personas implicadas. Si desde arriba se transmite un compromiso firme y tangible, la implicación de los trabajadores será también más sólida y eficaz, lo que nos permitirá contar con su participación activa en el sistema, imprescindible para hacer efectivo el cambio. Es fundamental que la Dirección de la empresa transmita claramente al resto de la organización la importancia que supone la nueva gestión.

La Dirección debe asumir y transmitir la política de Medio Ambiente que se ha propuesto, de tal manera que sea ella el motor principal, y las líneas de mando, correas de transmisión. Es la Dirección quien debe asegurar que el Sistema de Gestión implantado es acorde con los objetivos marcados, que se implantan procesos que satisfacen los requisitos legales y los de otras partes interesadas y que además, aseguren el cumplimiento de esos objetivos definidos. En su mano está proporcionar los recursos necesarios para la implantación del sistema, tomar las decisiones pertinentes en relación con la política ambiental y con los objetivos y aprobar las propuestas para la mejora del Sistema de Gestión. Será ella, quién además pilotará la revisión periódica de todo el sistema, que llevará al cumplimiento del compromiso de mejora continua adquirido.

Así, la puesta en marcha y funcionamiento de un sistema de gestión, precisa indudablemente de la implicación de la Dirección, no sólo porque sea un requisito especificado en los propios estándares (ISO 14001, OHSAS 18001, ISO 9001, …), sino porque sin su compromiso no será viable ejecutar las diferentes acciones que requiere el desarrollo del sistema. Es muy importante que la Dirección de la organización esté convencida del paso que va a dar, y que sea consciente de que los beneficios llegarán, siempre y cuando, toda la organización esté remando en la misma dirección. Es indispensable que haya una verdadera implicación por parte de toda la organización, y es la Dirección la que debe proporcionar el mayor y mejor ejemplo a seguir para todo el personal. El hito que va a marcar el grado de acogimiento que alcancemos en los diferentes niveles y área de la empresa es la IMPLICACIÓN de la DIRECCIÓN.

Pero… ¿es realmente la Alta Dirección la que guía el barco de la Gestión Ambiental en las organizaciones?

LaDireccion

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Se aproxima el Gran Día…UNA OPORTUNIDAD PARA ENSALZAR LA GESTIÓN AMBIENTAL

En poco más de una semana llega una gran celebración: El Día Mundial del Medio Ambiente (DMMA). Obviamente, todos los días del año deberían ser el Día del Medio Ambiente, no sólo para los que nos dedicamos a esta área, sino, para cualquiera de los que habitamos este planeta, y nos servimos de él para desarrollar todos los aspectos de nuestra vida.

Pero, había que elegir un día para rendir homenaje al elemento que nos sustenta, a nuestra fuente de recursos, y ese día fue el 5 de junio. Lo eligió la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1972 y lo convirtió en su principal vehículo para la sensibilización en la importancia del Medio Ambiente, en una herramienta para impulsar la atención y la acción política. A lo largo de estos más de 40 años de conmemoración, ha crecido hasta convertirse en una plataforma mundial que se celebra en más de 100 países. Es un nexo de unión entre las personas en pro del Medio Ambiente: une acciones individuales para transformarlas en una gran acción colectiva que genera un fuerte impacto positivo en el planeta.

“A pesar de que las decisiones individuales pueden parecer insignificantes a la luz de las amenazas y tendencias mundiales, cuando miles de millones de personas se unen con un propósito común, pueden marcar una gran diferencia”.

Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-Moon

Este año, el tema elegido es el uso eficiente de los recursos y, la producción y consumo sostenible, en el contexto de la capacidad regeneradora del planeta. El eslogan:

“Siete mil millones de sueños. Un solo planeta. Consume con moderación”.

Buena temática para los tiempos que vivimos. A pesar de llevar tantos años intentando concienciar en la necesidad de proteger y salvaguardar nuestra fuente de recursos, se sigue consumiendo muchos más de lo que el planeta puede proporcionar de forma sostenible. Muchos siguen anclados en la concepción del Medio Ambiente como fuente “inagotable” de recursos, algo de lo que, hace mucho tiempo, nos dimos cuenta que era una idea que nada tiene que ver con la realidad. Un gran número de ecosistemas terrestres están llegando a su punto límite de agotamiento debido al crecimiento de la población y el desarrollo económico. Pero desarrollo económico y desastre ecológico no tienen porqué estar necesariamente ligados. Hay otras formas de consumir, de desarrollarnos y de prosperar, sin que ello tenga que suponer un elevado coste para el planeta. Tener en cuenta los límites del Medio Ambiente, consumir con moderación e incorporar el desarrollo sostenible a nuestro estilo de vida para asegurar un futuro saludable, es el centro de la campaña de este DMMA 2015.

Si te dedicas a la Gestión Ambiental, este día es una gran oportunidad para poner en valor el trabajo que realizas en tu organización, para recordarles a todos aquellos que trabajan contigo, que tienen a su disposición la herramienta necesaria para su colaboración activa en la protección ambiental, que en su empresa, industria u organización se preocupan de llevar a cabo un desarrollo sostenible, que son conscientes de la importancia de este hecho para alcanzar el liderazgo en la sociedad de hoy en día, y que se pueden valer de la Gestión Ambiental para mejorar aspectos ambientales de su lugar de trabajo y minimizar los impactos negativos del desarrollo económico. Es un buen momento para agradecer a todos los trabajadores su participación activa en la gestión ambiental de la empresa.

¿Cómo vas a celebrarlo?

DMMA_2015

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ISO 14001 vs EMAS. Is that the question?

Sabemos que, cuando una organización decide acreditar su Sistema de Gestión Ambiental (SGA), tiene, fundamentalmente en Europa, dos opciones: certificar su SGA, siguiendo las directrices marcadas por el referencial UNE-EN-ISO 14001 u optar por el Reglamento EMAS. Ambas opciones no son excluyentes entre sí, y de hecho, muchas organizaciones inician su camino en la protección ambiental por medio del estándar ISO, para posteriormente avanzar un paso más con la adhesión al EMAS.

Conozco, y he trabajado con ambos referenciales en los sistemas que he implantado, lo cual me ha llevado a sacar mis propias valoraciones de cada uno de ellos. Este artículo tiene el único objetivo de plasmar mi opinión sobre estas normas, principalmente en relación al EMAS, porque creo que precisa de un mayor empuje para ocupar el lugar que merece. La experiencia de trabajar con ambos referenciales, ha hecho que me haga algunas reflexiones de las que hoy me gustaría hablar aquí. Así que, lo que pretendo desarrollar a continuación, no es más que un artículo puramente de opinión, son mis ideas, mi visión de ambos sistemas, mi punto de vista basado en la observación y en la experiencia, y que deseo compartir y someter a debate, a fin de conocer otras opiniones, otros puntos de vista y otras experiencias.

Pero antes de nada, creo que es importante hacer un poco de historia para ponerse en situación:

El Reglamento EMAS es un poco más antiguo que la ISO 14001. Hasta la publicación de la primera edición de la norma ISO 14001 en 1996, la única referencia era el Reglamento 1836/93 de Ecogestión y Ecoauditorías , que data de 1995, siendo conocido como “EMAS” (Eco-Management and Audit Scheme). Este Reglamento fue la primera referencia en Europa para la implantación de un sistema de gestión, con el objetivo de prevenir la contaminación y minimizar los efectos negativos de las organizaciones sobre el entorno. Anteriormente a él, sólo existía una norma experimental publicada en 1992 por el Reino Unido, la norma BS-7750, y en España, posteriormente, se publicaron en el año 94, dos normas, la UNE-77801 “Sistemas de Gestión Ambiental” y la UNE 77802 “Auditorías de los Sistemas de Gestión Ambiental”, que no tuvieron demasiada repercusión.

Inicialmente, el Reglamento EMAS estaba únicamente dirigido a las empresas del sector industrial, es decir, solo las industrias podían adherirse a él voluntariamente a fin de mejorar su comportamiento ambiental, y obtener un certificado europeo de cumplimiento.

En el año 2001 se publica la primera revisión del EMAS, el Reglamento 761/2001, de 19 de marzo, por el que se permite que las organizaciones se adhieran con carácter voluntario a un sistema comunitario de gestión y auditoría medioambientales (EMAS II). Este nuevo reglamento sustituyó al Reglamento 1836/93 y sus principales cambios supusieron, por un lado, hacerlo extensible a cualquier tipo de empresa, es decir, no sólo del sector industrial, y por otro, adoptar los requisitos y terminología de la ISO 14001, manteniendo, igualmente, diferencias importantes con ella.

La última revisión del EMAS es del año 2009, cuando la Comisión Europea aprobó el EMAS III a través del Reglamento 1221/2009, de 25 de noviembre, relativo a la participación voluntaria de organizaciones en un sistema comunitario de gestión y auditoría medioambientales. Este nuevo reglamento derogó el Reglamento 761/2001 y entró en vigor en enero de 2011. La primera novedad que ofreció fue la ampliación de su ámbito de aplicación, dejando de ser únicamente europeo y convirtiéndose en internacional. Es lo que se conoce como EMAS “Global”, es decir, a partir de ese momento, se hizo posible que empresas que se encuentran fuera del territorio de la UE puedan registrarse en EMAS. Para ello, pueden elegir a un estado miembro como vía para conseguir el registro, y la entidad que realice la verificación deberá estar acreditada en dicho estado. Aparece así la figura de “Registro Corporativo”; esto es, una organización con distintas instalaciones, dentro o fuera de la UE, puede optar a un único registro que englobe a todos o sólo a alguno de sus centros.

 ¿Es entonces, el EMAS, el referencial para la excelencia en Gestión Ambiental?

ISO o EMAS

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LOS TRABAJADORES, LLAVE PARA ABRIR LAS PUERTAS A LA NUEVA GESTIÓN. Ideas para involucrar en la Gestión Ambiental

Cuando asumes la responsabilidad de implementar una nueva sistemática de gestión en una organización (llámese ISO 9001, ISO 14001, OHSAS 18001, ISO 22000, 5S, Lean, …), hay puertas importantes que tienes que conseguir abrir, si quieres alcanzar la máxima eficacia de ese nuevo sistema de gestión.

A menudo se habla de la implicación de la Dirección como una de las llaves imprescindibles para franquear las dificultades que surgen en la introducción de estos cambios, y es éste un aspecto al que tengo intención de dedicarle algún artículo en este espacio, porque, es sin duda, una de las grandes vicisitudes con las que nos toca lidiar a los que nos dedicamos a esto. Pero hoy quiero centrarme en los que considero la otra llave al éxito de la implantación. Quiero centrarme en los trabajadores, el elemento humano de las empresas, clave en el funcionamiento de un sistema de gestión, sin el cual, es seguro que no conseguiremos gestionar con éxito ninguna nueva herramienta que implantemos.

La participación de los trabajadores es considerada como elemento esencial en cualquiera de esos estándares a los que nos queramos referir, sin embargo, en la práctica, en muchas organizaciones, no existe un otorgamiento real de esa relevancia que deberían tener, y a menudo, ésta queda limitada a palabras escritas en un manual, un procedimiento o cualquier otro soporte escrito, que no llega a hacerse efectiva tal cual se ha definido.

Por ejemplo, la Norma UNE-EN-ISO 9001:2008, en sus principios de Gestión de la Calidad, se refiere a las personas en los siguientes términos:“El personal, a todos los niveles, es la esencia de una organización y su total compromiso e involucramiento permite que sus capacidades puedan ser utilizadas por el máximo beneficio de la Organización”

La participación de los trabajadores es también considerada esencial para un eficaz funcionamiento del Sistema de Gestión Ambiental (SGA), bien sea en la ISO 14001 o en el Reglamento EMAS, a fin de alcanzar mejoras ambientales permanentes y consolidar en la empresa una política ambiental que ayude a avanzar hacia modelos de producción más sostenibles.

La organización debería reconocer que la participación activa de los trabajadores es una fuerza impulsora y una condición previa para las mejoras ambientales permanentes y con éxito, y un recurso clave en la mejora del comportamiento medioambiental, así como el método correcto para asentar con éxito en la organización el sistema de gestión y auditoría medioambientales”.

Reglamento EMAS

Centrados ahora en la gestión ambiental, y más allá de los instrumentos voluntarios de gestión, es la propia normativa vigente la que determina una serie de derechos y obligaciones de los trabajadores y sus representantes en la gestión ambiental de las empresas. Porque son éstas, cuestiones de las organizaciones que afectan a los trabajadores, tanto como actores que son de la producción, como ciudadanos afectados por los impactos ambientales del desarrollo económico. Resulta, por tanto, totalmente legítimo, el interés de los trabajadores en la sostenibilidad ambiental de la empresa.

Colaborar con la dirección de la empresa para conseguir el establecimiento de cuantas medidas procuren el mantenimiento y el incremento de la productividad, así como la sostenibilidad ambiental de la empresa, si así está pactado en los convenios colectivos

Artículo 64.c del Estatuto de los Trabajadores

La implicación y participación de los trabajadores se hace fundamental para garantizar la eficacia en la implantación y funcionamiento de un SGA. Tanto la planificación, como la propia operatividad del sistema, sólo se desarrollarán de manera eficaz si contamos con la experiencia y el conocimiento de quienes más conocen el proceso productivo.

Sin motivación, no hay participación. Sin participación, no hay éxito.

Todos somos Medio Ambiente

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MANTENIMIENTO Y MEDIO AMBIENTE: Socios Estratégicos en el Desarrollo Empresarial Sostenible

A menudo escucho, en diferentes foros, opiniones de personas que relacionan una buena gestión ambiental con la necesidad de realizar importantes inversiones. No conciben que una empresa pueda contaminar menos o ser más eficiente, en cuanto a consumir menos recursos y menos energía, si no es a través de la adquisición de nuevas tecnologías, instalaciones más modernas o complicados software de gestión.

He comprobado, a lo largo de mi carrera profesional, como con relativa facilidad se sustituían equipos e instalaciones por otras, nuevas y más “modernas”, alegando que éstas habían dejado de ser eficientes, que habían perdido fiabilidad, en definitiva, que ya no trabajaban bien y que no compensaba realizar su reparación. Suponiendo, en consecuencia, realizar importantes inversiones en activos.

Estoy convencida de que, ni es necesario implementar tecnologías de última generación, ni ejecutar millonarias inversiones en nuevos equipos o instalaciones para alcanzar objetivos de Gestión Ambiental adecuados y eficaces.

Existe un área de gestión, dentro de las organizaciones, que representa una de las claves más importantes para que esto no sea así, que resulta crucial en el camino de una industria hacia una producción más limpia y la compatibilización del desarrollo empresarial con el desarrollo sostenible: el MANTENIMIENTO, el aliado necesario en la Gestión Ambiental.

Menos invertir y Mas mantener, esa es la clave!

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EL VALOR DEL SEGUIMIENTO Y LA MEDICIÓN. Reivindicando la importancia de un procedimiento

En Calidad lo tienen claro, establecer indicadores de los procesos es fundamental para la medición, el análisis y la mejora de su eficacia. Sólo lo que puede medirse es susceptible de mejorar.

En Medio Ambiente también tenemos un requisito normativo que nos hace referencia a esta necesidad:

4.5.1 Seguimiento y medición

La organización debe establecer, implementar y mantener uno o varios procedimientos para hacer el seguimiento y medir de forma regular las características fundamentales de sus operaciones que pueden tener un impacto significativo en el medio ambiente. Los procedimientos deben incluir la documentación de la información para hacer el seguimiento del desempeño, de los controles operacionales aplicables y de la conformidad con los objetivos y metas ambientales de la organización.

La organización debe asegurarse de que los equipos de seguimiento y medición se utilicen y mantengan calibrados o verificados, y se deben conservar los registros asociados.

Sin embargo, en los Sistemas de Gestión Ambiental que he tenido la oportunidad de conocer o auditar hay un hecho común que siempre me ha llamado la atención: un procedimiento de Seguimiento y Medición escaso, limitado y sin relevancia.

No sé si este hecho es general, pero lo que habitualmente me he encontrado son procedimientos, que recogían este requisito de las normas (ISO 14001/EMAS), en los que se limitaba el seguimiento y medición realizados por la organización a describir la evaluación del cumplimiento legal, la sistemática con la que se garantizaba la calibración de equipos de medición en el caso de que se utilizasen, y poco más.

Me sorprende esta limitación pues, concibo este punto de la norma como un requisito mucho más ambicioso al que habitualmente se lleva a la práctica. Es la base fundamental sobre la que nos debemos apoyar para dar cumplimiento a uno de los principios fundamentales de los sistemas de gestión ambiental, la Mejora Continua.

Es uno de los procedimientos que debería tener más peso en nuestro sistema ya que, su definición adecuada, nos permite establecer sistemáticas que redundarán en un profundo conocimiento de nuestro sistema, en un retorno de valiosa información que nos aportará la visión que necesitamos de la evolución de nuestra gestión ambiental.

Entonces, ¿la gestión ambiental se puede medir?

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