El “fraude” de la Certificación Ambiental

Si tu actividad profesional tiene algún tipo de relación con la gestión ambiental en las organizaciones, bien porque pilotes esta área en tu empresa, porque seas integrante del equipo que lo gestiona, porque te dedicas a la consultoría en este campo, porque eres auditor de sistemas o porque trabajas para alguna certificadora, estoy segura que lo que te voy a contar, no sólo no te sonará a chino, sino que es muy probable que, de una forma u otra, lo hayas vivido directa o indirectamente, y que tengas experiencias similares a las mías o conozcas o sepas de sitios donde esto es una realidad.

Desearía estar totalmente equivocada en este asunto, y que para nada se estuvieran dando estas circunstancias que voy a relatar, en el mundo empresarial de hoy día, pero la experiencia, tristemente, me dice que no, que esta situación parece ser la tónica habitual en un gran parte del sector y que corremos el riesgo de que acabe siendo representativa de la realidad en la gestión ambiental.

Un gran error que se comete cada vez más en esta área, con orígenes y responsabilidades en las distintas partes que intervienen, y que quiero sacar a la palestra, quizá a modo de “denuncia”, quizá para que alguien me convenza de lo contrario. Así que, si tu experiencia en estas lides demuestra que estoy totalmente equivocada, por favor, házmelo saber!!!

¿Cuánta verdad hay detrás de los sellos de gestión ambiental?

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SOBRE LA INJUSTA “MALA FAMA” DE LOS SISTEMAS DE GESTIÓN

ISO 9001, ISO 14001, OHSAS, EMAS, ISO 5001, ISO 22000, ISO/TS 16949, …  y otros muchos referenciales para la implantación de Sistemas de Gestión, están concebidos como herramientas para las empresas, que ayudan a mantener y mejorar los niveles de eficiencia en las distintas áreas a las que se refieren (Calidad, Medio Ambiente, PRL, Energía, Seguridad Alimentaria, …). Nos ofrecen, todas ellas, la posibilidad de trabajar mejor, ni más, ni menos.

La metodología, la sistemática, el orden, la trazabilidad, la medición, el seguimiento, … son elementos que constituyen la base de estas normas y que contribuyen claramente, y de forma decisiva, a incrementar la eficiencia y eficacia de nuestros procesos productivos.

Todas aportan útiles para reducir costes, innovar, fiabilizar nuestros productos, controlar los riesgos, mejorar el ambiente de trabajo y optimizar nuestros recursos. Todas producen ahorros y facilitan el trabajo, y sin embargo, a pesar de que nos ayudan a ser mejores, la mayor parte de las organizaciones siguen viéndolas aún, como un “marrón” que es necesario soportar para continuar en el mercado, una carga inherente al desarrollo de una actividad empresarial en la sociedad actual o, como todo lo contrario al objetivo principal de éstas, como puro papeleo que complica el trabajo en la empresa y compromete su productividad.

Llama la atención una divergencia tan pronunciada entre la concepción y la percepción. ¿Por qué un elemento creado para ayudar y mejorar acaba siendo visto como una barrera en nuestra actividad?. ¿Son los sistemas de gestión una mera cuestión de papeleo o somos nosotros mismos los que limitamos su utilidad?.

Me declaro fan incondicional de los Sistemas de Gestión, adepta de la mejora contínua, y siendo tan clara para mí la gran utilidad de estos elementos en las organizaciones, me pregunto a menudo el porqué de esta controversia, qué es lo que lleva a que se infravaloren estas, en mi opinión, preciadas y valiosas herramientas y por qué razón, siendo sus cualidades tan patentes para mí, no parece ser siempre así en el entorno empresarial.

¿Falla la herramienta, o hacemos un mal uso de ella?

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